Cuando te toca hacer una presentación no sabes muy bien por dónde empezar. Piensas en todas las presentaciones que has visto, en las conferencias a las que has asistido, en lo que le has visto hacer a tu jefe… y lo replicas.

Esta actitud conlleva un riesgo: que elijas un mal modelo y lo copies.

Todo el mundo quiere exponer sus ideas o sus trabajos de la mejor manera posible. Algunos incluso quieren hacerlo de manera creativa, pero cuando llega el momento de la verdad, emular los viejos modelos nos hace sentir más seguros.

Si tienes dudas sobre tu estilo o tu contenido al transmitir ideas, en este vídeo te enumero los 10 errores que deberías evitar.

https://youtu.be/nz74TtPIUDM

 

Podría hacer una presentación a modo de introducción del vídeo diciendo que las personas, pues, solemos cometer unos errores determinados en las presentaciones, y que es importante no hacerlos y blablablá, pero no lo haré. Si estás aquí es que ya sabes que eso pasa y lo que quieres son las soluciones, así que al turrón. 

 

Error Nº 1: Empieza dando las gracias a los organizadores

Si todo el mundo lo hace, será por algo, ¿no? Hace veinte años nadie recogía las buñigas de los perros del suelo, por suerte eso ha cambiado. No creas que algo está bien hecho por el simple hecho de que hay mucha gente que lo hace.

Si eres de los que empieza saludando, pregúntate por qué. Si es porque quieres ser educado y dar las gracias a las personas que te invitaron a dar esta charla, seguro que eres capaz de encontrar un momento a solas para hacerlo, si lo que quieres es un poco de postureo, vete a Instagram. 

Dedica tus cinco, diez primeros segundos a generar una promesa de interés, hazles ver que esos siguientes veinte minutos que van a pasar contigo valen la pena. En este canal encontrarás más de un vídeo con algunas recomendaciones. 

 

Error Nº 2: Si quieres que te vean como una autoridad, usa argot

Si estás hablando delante de varias personas sobre un tema concreto, existen muchas probabilidades de que tú sepas más que ellos sobre ese tema, por eso eres tú el que está explicándolo. 

Tu misión es transmitir conocimiento y usar argot y mucho vocabulario técnico, en ocasiones complican esa tarea. Cuanto más compleja sea tu charla, menor será la tasa de comprensión, así que mi sugerencia es hazlo simple. 

 

Error Nº 3: No uses humor. Esta presentación es de trabajo

Durante mucho tiempo hemos vivido bajo un paradigma que asocia lo profesional con lo serio, y no.

¿Puedes ser serio y ser profesional? Claro que sí. ¿Puedes ser divertido y seguir siendo profesional, también. ¿Tú a quién crees que prefiere la gente? 

 

Error Nº 4: Improvisar es siempre una buena idea

Espera, no le digas, conoces a alguien que no se prepara las charlas y le salen de maravilla, ¿verdad?

Una cosa es no tener miedo escénico ni nervios al hablar en público, y comunicar de una manera correcta, y otra muy distinta es ser capaz de estructurar un mensaje para que la audiencia lo comprenda y más tarde lo recuerde. 

Todos sabemos hablar en público sin nervios, se llama sobremesa. Escoger una idea, simplificarla, saber cómo presentarla, usar las analogías adecuadas, empezar de una manera determinada, acabar con pasión, conectar con la audiencia, todo eso requiere trabajo. 

Mark Twain decía, “Si quieres que hable durante cinco minutos, necesito una semana para prepararme. Si quieres que hable durante una hora, estoy listo ahora mismo”.

El buen orador no improvisa, se prepara. 

 

Error Nº 5: ¿Miedo a hablar en público? Imagínate al público desnudo y desaparecerá

Por favor, si sabes de dónde ha salido este consejo, dímelo, es que tengo curiosidad, parece ser que era una de las estrategias que usaba Winston Churchill cuando intentaba hablar en público sin nervios. 

La teoría dice que, si te los imaginas desnudos, los verás muy vulnerables, y ver su vulnerabilidad hará que la tuya, o la percepción que tiene sobre la tuya, descienda, y eso hará que los nervios, a su vez, también descienda. 

Eso es como decir que si yo tengo mucha hambre, imaginar que los demás están hambrientos hará que mi hambre desaparezca.

 

Error Nº 6: Cuando practiques, hazlo siempre delante del espejo

En este caso concreto voy a hablar sobre mí, y debes tener en cuenta que soy un hombre, así que, probablemente, esté incapacitado genéticamente para hacer dos cosas a la vez, pero para mí ensayar delante del espejo no ayuda. 

Es complicado pensar en lo que tienes que decir, decirlo mientras ves cómo queda y, además, fijarte en el lenguaje verbal que estás utilizando al hacerlo. 

Mi sugerencia es que ensayes delante de una pared o en un espacio abierto, y te centres únicamente en el contenido y el lenguaje que estás usando, o en el lenguaje no verbal. Ya verás cómo poniendo atención a una de estas cosas, aprovechas mucho más los ensayos. 

 

Error Nº 7: Avisa de que estás nervioso

¿Fuiste corriendo a una comisaría a informarles de que te había saltado un semáforo en rojo? Espero que no seas tan tonto. 

Cuando salgas a exponer, puede que tus manos tiemblen, que tu corazón palpite con fuerza, o que tu sensación general sea como de desasosiego. Está bien, pero ¿sabes qué? El noventa por ciento del público no se dará cuenta. En cambio, si les avisas y les anticipas que estás muy nervioso, van a estar observando con lupa cada detalle, en busca de cada fallo que hagas, ¿y sabes qué? Lo van a encontrar. 

 

Error Nº 8: No controles el tiempo. Si te pasas, el moderador ya te avisará

Controlar el tiempo es una muestra de respeto hacia la audiencia, hacia otros ponentes que pueden estar en el mismo evento y hacia los mismos organizadores, a esos que hace un momento les tenías tantas ganas de agradecer esta ocasión. Pero más importante aún, es un elemento de control que te ayuda a ceñirte a tu contenido y no irte divagando por las ramas. 

Si tienes veinte minutos, sabes que no vas a poder decir más de dos mil quinientas o tres mil palabras, punto. Si no controlas el tiempo, pueden pasar dos cosas, y las dos son malas para ti.

Uno, te entretienes demasiado, y el moderador llega un momento en que te da un toque para decirte que el tiempo se acaba, a lo que tú respondes con un ¡madre mía! mental mientras aceleras el ritmo para cubrir a toda pastilla todo el material que te queda pendiente. 

Dos, te quedas corto y acabas antes de tiempo, lo que intentas suplir con un turno de ruegos y preguntas a la que la gente solo responde con carraspeos. 

Mide y controla tus tiempos en los ensayos, y así, el día de la presentación, todos saldrán ganando. 

 

Error Nº 9: Toda presentación debe incluir un Power Point

Los PowerPoints y las presentaciones deberían ser una opción, nunca una obligación.

 Se puede hacer una presentación sin usar PowerPoint, del mismo modo que puedes ir a trabajar sin usar el coche.

La cuestión es elegir. Mi sugerencia es que para tu próxima presentación no uses PowerPoint, atrévete a ser distinto. 

 

Error Nº 10: La última diapositiva debe ser una cara sonriente acompañada de un ¡Muchas gracias! 

No, no, no, no dejes que una clase de marketing mal digerida tenga tanta importancia en esos momentos finales. ¿Por qué no aprovechas para lanzar una llamada a la acción e indicarles qué es lo que tienen que hacer? ¿O para darles tu correo electrónico? ¿O dejas tus redes si lo que quieres es que la gente te sitúe y estés en el radar? Sea como sea, intenta no cometer ninguno de estos diez errores, y estoy seguro de que tu próxima presentación será un bombazo.

En resumen, evitar estos errores en las presentaciones, no solo mejorará tus ponencias, sino que también te permitirá conectar mejor con tu audiencia y transmitir tu mensaje de forma más efectiva. Recuerda que hablar en público es una habilidad que se perfecciona con práctica y reflexión. Cada presentación es una oportunidad para aprender, experimentar y crecer como comunicador. Así que prepárate, confía en tu capacidad, y atrévete a dejar tu huella. ¡El escenario es tuyo!

Y si además necesitas mejorar tus habilidades al hablar en público, visita nuestro blog “20 técnicas para hablar en público” o contáctame para ayudarte a conseguir presentaciones de sobresaliente.

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