NACHO TÉLLEZ

Professional Speaker & Trainer

 

En 2004 hice mi primera presentación en la universidad. Era un trabajo de marketing II y mi grupo me eligió para defender el proyecto.

Se equivocaron.

 

Cada vez que miraba a los cuarenta compañeros que tenía en frente veía cómo tenían la vista fija en sus pantallas, sostenían la cabeza con sus manos y, los pocos que me miraban, lo hacían con aire distraído.

Eso minó mi confianza. Me hice pequeño. Pensé que lo estaba haciendo mal y ese pensamiento se convirtió en realidad. Cuando el profesor me hizo unas preguntas no supe responderlas y eso acabó de condenarme.

Lo peor de todo no era mi fracaso, sino que mi caída arrastró conmigo a todo mi grupo.

Pero todavía había esperanza.

 

Si el resto de la clase presentaba igual de mal que yo, el profesor podía pensar que no era especialmente malo, sino que, simplemente, la clase tenía un nivel bajo.

El siguiente en salir fue mi amigo americano, Garret. Yo confiaba en que me echase una mano y cuando acabó su presentación solo podía pensar que… había sido sensacional.

Su éxito hacía aún más grande mi fracaso.

 

Cuando estás en el barro puedes hacer dos cosas. Quedarte ahí quejándote o levantarte y aprender.

Una hora después estaba hablando con Garret:

 

-Garret, felicidades. Me ha parecido una presentación genial. Sencilla, directa y divertida.

-Grasias. La tuya también. Pero profesor preguntas difisiles.  (como ves, era muy buena persona. Por eso era mi amigo. :D)

-Oye, ¿tú habías hecho antes presentaciones?

-Sí, algunas veses.

– ¿Cuántas?

-No lo sé. ¿20? ¿30? ¿40?  ¿Tú?

-Cero.

 

Mientras le contestaba surgía una idea en mi cabeza.

¿Y si la oratoria y el arte de hablar en público no son innatos? ¿Y si se aprenden? ¿Y si Garret no era bueno porque su ADN así lo decía sino porque me llevaba 40 presentaciones de ventaja?

 

Durante los siguientes 10 años devoré todos los libros de oratoria que localicé, asistí a cursos prácticos y revisé y desgrané cientos de discursos desde Robert Kennedy hasta la gran Ellen DeGeneres.

Aprendí que lo importante de una presentación no es la información sino la elocuencia. Si no te entienden, no hay comunicación. Aprendí que más información no es siempre mejor. Aprendí que hay ciertos gestos que te acercan a la audiencia y hacen que confíen en ti y acepten mejor tus ideas.

 

Un año después, quise ponerme a prueba y me presenté al campeonato nacional de oratoria.

Había llegado el momento, estaba preparado…o eso creía hasta que subí al escenario.

Al instante volvieron los miedos, volvieron las dudas, volvió el recuerdo de esa maldita clase de marketing.

Pero también emergió todo lo que esos 10 años me habían enseñado y la confianza le ganó la batalla al miedo.

Esta vez sí que fue bien.

Gané.

Al año siguiente volví a ganar.

A los 30 años me había convertido en bicampeón español de oratoria, pero es no fue lo mejor. Lo mejor fue descubrir algo que me gustaba, que me encantaba. Algo a lo que me gustaba dedicarle todas las horas de mis días y que convertí en mi profesión.

 

Hoy, 6 años después, he ayudado a hablar en público a más de 5.000 personas, he revisado cientos de presentaciones y he dado formación en 18 países distintos.

Intento que en ningún aula, en ninguna reunión, en ninguna sala de conferencias suceda aquello que me sucedió a mí en esa maldita clase de marketing.

¿CÓMO TE PUEDO AYUDAR?

 

  • Si organizas un evento y necesitas a un ponente que hable sobre comunicación, oratoria o presentaciones conmigo será ameno, divertido e instructivo.

 

  • Si eres una persona que necesita preparar una presentación en una empresa, un congreso o quieres dar una conferencia, puedes contratarme para que la preparemos juntos. Aquí verás cómo. 

 

  • Si quieres conocer los secretos de la oratoria y saber qué método sigo cuando preparo una presentación, lo puedes hacer en el curso on-line.

 

Tú decides. ¿Te quedas en el barro o te levantas y aprendes?

Nacho es un gran orador, que conecta rápidamente con el público. Ha integrado la técnica del discurso sin perder su estilo personal, lo que le da naturalidad y autenticidad. He tenido la ocasión de ver a muchos grandes oradores, con un dominio impresionante de la técnica. Sin embargo, la mayoría me dejan con la impresión de que si me tomase una caña con ellos en un bar, me contarían algo diferente a lo que acabo de escuchar.  Con Nacho, eso nunca me sucede.

Jesús Salillas

Lo mejor de Nacho es que pone a tu alcance conocimientos que no son teorías idealistas sino sugerencias y consejos fáciles de aplicar. Además, ves que, mientras te los muestra, él hace exactamente todo lo que te está enseñando así que, si prestas atención, el aprendizaje es doble. 

Ana Federico

Hay cursos que olvidas a los tres días. Tediosos, densos y con información que ya conocías. En el polo opuesto tienes lo que hace Nacho. Para mí este curso ha supuesto una apertura de mente. Un clic. Es, simplemente, ES-PEC-TA-CU-LAR. Una visión desconocida del mundo de las presentaciones. Estoy contigo, hay que dejar de ser gris Nacho. Muchas gracias.

Roger Palau