Cuando uno oye técnicas para hablar en público suele pensar en trucos de magia.

“Nacho, tú enséñame ese gesto con las manos que hace que te ganes a la audiencia que yo haré que mi exposición sea perfecta.”

 

Quizá creas que solo alguien como Homer Simpson sería capaz de pedir algo así pero es algo muy común en este mundo de píldoras en el que vives.

La gente quiere adelgazar pero no quiere hacer dieta. Quiere ponerse fuerte pero no quiere pisar un gimnasio. Quiere tener éxito pero no quiere trabajar duro.
Lamentablemente no hay un ascensor para el éxito, tienes que coger las escaleras.

No por tomar dos clases de oratoria vas a mejorar drásticamente como orador. Del mismo modo que esos 3 kilos que te sobran no van a desaparecer mañana.

Para cualquier cosa que funcione hay un trabajo previo. Una preparación que hace que las cosas salgan bien.

 

Las técnicas de presentación que muestro a menudo en el blog o en el canal de youtube no suelen ser técnicas de aplicación inmediata como quería Homer. Son estrategias para hablar en público que tienes que poner en práctica, con frecuencia, en la fase de preparación de tu discurso.
La que te traigo hoy no es ninguna excepción. Y no te servirá leer esto o ver el vídeo si no la pones en práctica.

Es como ver en youtube una receta de pollo al chilindrón y esperar que se haga sola. Sí, sabes cómo hay que hacerlo pero de poco te sirve si no te pones manos a la obra.

Si además, eres de los que tiene miedo a hablar en público, seguir los pasos que te sugiero hoy te vendrá muy bien.En general, a más información, más seguridad, más confianza y menos nervios.

Go.

 

 

Una historia real

Hace unos meses di una charla en una escuela de FP de Barcelona. Eran 8 clases en un auditorio y debían de haber unos 200 chicos y chicas de entre 20 y 25 años. Una de las audiencias más volubles.

Una generación nativa digital que te podría degollar si intentases apartarles de su teléfono móvil. Una generación a menudo criticada por su falta de interés en todo. Una generación más pendiente de twittear lo que está viendo que de prestarle atención.

 

Todo un reto.

 

Pero a la vez era una generación que compartía muchas cosas en común. Una generación con intereses, aunque no coincidían con los de los adultos o los profesores. Una generación, en definitiva, con la que puedes conectar si le hablas de lo que quieren escuchar.

 

Un reto, sí. Pero un reto asumible.

 

Al acabar la conferencia, se me acercaron varios profesores para hacerme comentarios y una de ellas me dijo: “Muy bien, me ha gustado mucho. Además, hoy has tenido suerte de que todos los alumnos estaban atentos. Normalmente juntas a 50 de estos y casi no puedes ni hablar del jaleo que montan.”

 

Le di las gracias.

 

Puede que tuviese suerte y que ese día no hubiese nada atractivo en Facebook, que sus grupos de whatsapp estuvieran inactivos o que no hubiesen desayunado bien y no tuviesen fuerzas para hablar pero no pude evitar pensar que yo también había tenido que ver en su repentino interés en un tema que, en un principio, no parecería ser el más atractivo para ellos: la oratoria.

Estoy convencido de que saber cuántos chicos habría, conocer sus edades, sus gustos, haber visto la sala de antemano, saber las asignaturas que cursaban o cuáles eran los profesores más divertidos influyó en que pudiera prepararles no solo una charla amena sino ejercicios para hablar en público en los que les apeteciera participar.

 

Si has visto el vídeo sabrás que una de las técnicas de oratoria clave es analizar a tu audiencia. Si no lo has visto, te recomiendo que lo hagas antes de seguir.

Saber quién viene, qué le gusta, qué ha estudiado, cuál es su mayor anhelo, su mayor miedo, su religión, su pareja ideal, su comida preferida o su serie de televisión favorita te ayuda a conocer un poco más a tu público. Y cuando conoces a alguien es mucho más fácil dirigirte a él.

 

Los consejos para hablar en público, ¿sirven?

Ya puedes seguir todos los tips para hablar en público que te doy que si no tienes en cuenta la audiencia, seguramente no te sirvan de mucho.

¿Te imaginas llevar a un vegetariano al mejor restaurante de carne a la brasa de la ciudad? Sí, puede que sea un gran restaurante. Puede que se coma bien. Puede incluso que se coma muy bien. Pero no le va a gustar. Y la culpa es, únicamente, tuya.

Intenta disponer del máximo de información posible sobre tu audiencia. No hablo solo de datos demográficos como de qué país son, qué lengua hablan, qué edad tienen, cuál es su nivel educativo o cuánto saben sobre el tema del que les vas a hablar.

Hablo de quién son en realidad.

¿Cómo han acabado aquí? ¿Qué les gustaría hacer? ¿Cuáles son sus hobbies? ¿Y sus pasiones? ¿Qué ropa les gusta?¿Cuál es su tienda preferida? ¿Y su restaurante favorito? ¿Odian la comida india? ¿Ven Juego de Tronos?

Podría seguir haciendo preguntas hasta llenar dos páginas. Y cuántos más datos tuviese más cerca estaría de esas personas.

No te pares. Sé Sherlock por un día. Disfruta del refinamiento inglés. Tranquilo, cuando acabes seguirá haciendo sol y podrás comer algo más que fish and chips.

 

Cómo conseguirlo

No es que haya unas reglas para hablar en público que aseguren el éxito pero si lo que quieres es hablar mejor, el primer paso es tener claro a quién te diriges.

 

Vale, ya lo pillo. Conocer a fondo a mi audiencia. ¿Y cómo lo hago?

Como se encontraban las calles antes de Google Maps. Preguntando.

¿A quién le puedes pedir la información? A los organizadores.

Si hablas para los empleados de una empresa, los mandos que te contratan conocerán bien a su personal. Si hablas en un centro de convenciones, los organizadores conocerán bien a los asistentes. Si hablas en una universidad, los directores conocerán bien a los alumnos.

 

Pregunta. Pregunta. Pregunta.

 

Dicen: “divide y vencerás”. Yo digo: “conoce el terreno y triunfarás.”

 

¿Qué es lo primero que haces tú para preparar una presentación?