Era un sábado de 1999 y mi amigo Jordi me había sugerido ir al cine a ver South Park. Acababa de cumplir 16 años y nunca había oído ese nombre antes, pero, como no tenía un plan mejor, acepté.

Cumplimos con el ritual de esa época: comprar entradas, palomitas grandes, filas traseras… y cuando empezó la película me quedé con cara de… ¿Qué mierda es esto tío? Son dibujos… y ¡están mal hechos! Estaba pensando que debería mirar las sinopsis de las películas antes de ir a ver una cuando alguno de los críos dijo alguna animalada y me hizo reír. Desde ese momento todo fue en aumento y salí del cine con dolor abdominal.

Sí, South Park son niños diciendo tacos y haciendo barbaridades. Pero la serie es algo más que eso.

South Park es una comedia que ha ganado 5 premios Emmy, 1 premio Peabody y se ha emitido durante 21 temporadas. A uno no le piden 20 veces que haga una temporada más si no está haciendo un buen trabajo, exceptuando a los de Fast & Furious, claro.

 

 

Trey Parker y Matt Stone


South Park tiene algo que la ha mantenido en los puestos más altos de la cuota de pantalla durante dos décadas. Ese algo son dos personalidades atrevidas.

Los cerebros detrás de esta serie: Trey Parker y Matt Stone, dos genios sin la mente capada por el virus de lo políticamente correcto.

¿Qué tiene que ver todo esto con storytelling dirás?

Buena pregunta.

Cada capítulo de South Park es una pequeña historia y, para hacer que esta historia sea interesante, adictiva y desees verla hasta el final, sigue un patrón determinado.

Existen varios patrones para contar historias, desde el viaje del héroe hasta algunas grandes recomendaciones de Pixar pero Trey Parker y Matt Stone tienen su propio librillo.

 

 

Cómo contamos las historias


Antes de contarte en qué consiste quiero que te detengas un momento y pienses en cómo contarías una historia.

¿Lo has hecho?

Almacenamos las historias en orden cronológico y lineal, o al menos así es como las solemos contar. Empezamos por el principio, añadimos un “y”… para contar lo siguiente y más tarde un “luego” para añadir la siguiente parte de la historia. Al final, acabamos con una seria de “y” y “luego” que hacen desarrollar la trama.

Dado que esa es la manera habitual de pensar, recurrimos a ella cuando queremos crear una historia.

Me levanté de la cama y me puse las zapatillas. Luego caminé hacia la cocina y me preparé el desayuno. Luego me duché y me puse mis pantalones preferidos.

En palabras de Trey Parker y Matt Stone, si usas este patrón para crear una historia, you are fucked.

Ese patrón clásico de pensamiento te lleva a una estructura tipo: pasó esto y luego esto, y luego esto y al final esto otro.

Una estructura lineal, predecible y aburrida.

 

 

El truco para hacer tu storytelling atractivo


Ellos proponen un truco que consiste en sustituir los “y” y los “luego” por “pero” y “entonces”. (En inglés, but and therefore)

Me levanté de la cama pero no encontré mis zapatillas, entonces fui caminando a la cocina pero como ayer se me había roto un vaso y no recogí los cristales, me clavé uno. Entonces, al ver manar la sangre, me desplomé desmayado, pero, por suerte, recobré el conocimiento en pocos segundos. Entonces me levanté y llamé a mi jefe para decirle que me estaba desangrando y que no podría ir a trabajar, pero, como era muy pronto, no me cogió el teléfono entonces decidí acercarme al hospital en pijama porque no quería ponerme mis pantalones preferidos y mancharlos de sangre.

¡Cómo ha cambiado el día!

En este ejemplo he pasado la historia por la centrifugadora para que veas el uso del pero y el entonces aunque cuando montes un storytelling es probable que quieras desarrollar más las ideas antes de dar el salto a la siguiente. 

Lo que dicen Trey Parker y Matt Stone -lo puedes ver en este vídeo– es que cada escena debería estar unida a la siguiente por un “but” o un “therefore” para asegurar que dicha escena sea atractiva. La idea es: escena + but + escena + therefore y así hasta el infinito y más allá que diría Buzz.

Cuando aplicas esto a tu storytelling lo estás dotando del factor sorpresa, ingrediente clave para que tu audiencia preste atención a lo que dices.

Los “pero” crean los problemas –obligatorios en cualquier narración– y los “entonces” explican como los protagonistas se enfrentan a ellos.

Usar estas dos palabras guían a tu cerebro a un lugar distinto al habitual. A un lugar de novedad, inspiración y creatividad, un lugar al que tu audiencia te pedirá que los lleves 20 veces seguidas.