Cuando conozco a alguien y le cuento que mi trabajo es enseñar a cómo hablar en público, la gran mayoría responde con una de estas dos frases:

 

-Ah muy bien. Debes de tener un montón de trabajo porque hace mucha falta y poca gente sabe hacerlo.

-Ah muy bien. Por suerte, yo no tengo ese problema porque no tengo miedo a hablar en público.

 

A los primeros les digo que sí, a los segundos les escribo este post.

 

Imagina que conoces a un entrenador de fútbol y, entre cerveza y cerveza, habláis sobre cómo se gana la vida cada uno.

-¿Y tú a qué te dedicas?
-Soy entrenador de fútbol.
– Ah, muy bien. A mí no me hace falta entrenar porque yo chuto muy bien.
-Pues nada, a ganar millones

Para ser un buen futbolista no sólo debes saber chutar bien sino que deberías saber hacerlo con ambas piernas, saber controlar el balón, tener una buena condición física, tener capacidad de salto, ser rápido, saber desmarcarte, saber leer el juego, pasar el balón con precisión y otras cien cosas más.

Con la oratoria pasa algo parecido. Perder el miedo a hablar en público no es suficiente.

Para ser un gran orador debes ser elocuente, carismático, claro, ameno, divertido, debes tener capacidad de improvisación, de síntesis y de crítica. Y sí. También debes de evitar desmayarte por el pánico escénico. Pero esa es una de las cualidades no el pack completo.

¿Crees que en un curso de oratoria te enseñan únicamente técnicas para hablar en público relacionadas con miedo escénico?

No.

Al menos no en el mío.

 

Si quieres aprender el arte de hablar en público debes saber cómo iniciar una presentación, cómo crear un mensaje pegadizo, cómo conectar con la audiencia, cómo captar su atención y mantenerla, cómo hacer que tu material sea recordado, cómo gestionar los turnos de ruegos y preguntascómo variar el tono de voz, como estructurar tu discurso, cómo persuadir, , cómo usar transiciones, cómo acabar tu intervención, conocer varias figuras retóricas y poder usarlas, sentirte cómodo con el humor, moverte adecuadamente en el escenario o mantener el contacto visual.

Aquí he contado más de quince atributos y ni siquiera he incluido los nervios al hablar en público.

 

Si no piensas en ser futbolista profesional por el mero hecho de saber golpear un balón no pienses que no sufrir miedo escénico te convierte automáticamente en un gran orador.

Es condición necesaria pero no suficiente.

El primer paso pero no el último.

Una degustación pero no el menú completo.

 

Si lo único que quieres es librarte del miedo escénico en mi curso online gratuito encontrarás tres sugerencias que te ayudarán a lograrlo.

Si, en cambio, persigues la mejora, si quieres ser un orador claro, magnético y capaz de convencer  a tú público una buena idea podría ser asistir a una formación especializada, una formación que te ayude a perder los nervios al hablar en público…y muchas otras cosas.

Te estoy hablando de esto. 

¿Cuál de los dos vas a elegir?