Hay buenas sensaciones, malas sensaciones y luego está el pánico escénico.


El miedo a hablar en público
 es algo que duele y mucho. Duele porque no es algo consciente. No puedes decir: “venga, hoy voy a elegir no tener miedo”.

No.

Son un conjunto de creencias que llevas en tu mochila y que te hacen sufrir ese miedo o esos nervios.

Es como cuando tu pareja te deja sin que tú quieras.

Duele.

Ya te puedes prometer a ti mismo que serás fuerte, que no llorarás y que no vas a sufrir porque tú y yo sabemos que no es verdad.

¿Cómo te curas de ese dolor?

Con el tiempo.

Pasa el tiempo, coges perspectiva, sales fuera, conoces otras personas y con el apoyo de tus amigos sales adelante. Poco a poco, tus creencias se van modificando para que ese dolor no sea tan fuerte. Que si hay muchos peces en el mar, que si esa no era tu pareja ideal, que si hay más cosas en el mundo que el matrimonio.
Tu cerebro almacena toda esa información y, despacio, la va procesando. Y llega un día en que no lloras, no te duele el corazón y no has pensado ni un segundo del día en esa persona.

Está superado.

 

La verdad sobre los nervios al hablar en público

Con los nervios al hablar en público pasa algo muy parecido. Tienes un sistema de creencias, que no controlas a voluntad, y que te impide hablar correctamente.

¿Cómo vencer el miedo? Con el tiempo. El tiempo y la práctica, claro.

De hecho, esa es la mejor técnica para hablar en público: practicar, practicar, practicar.

La oratoria no se aprende en dos días, de hecho nunca se deja de aprender y lo mismo pasa con el miedo escénico. No te lo vas a sacar de la mochila en dos días con un curso de oratoria o un par de vídeos.

¿Te acuerdas cuando empezaste a patinar? El primer día no te atrevías ni a moverte. El segundo te cogían de la mano y avanzabas unos metros. El tercero te animabas y… ¡zasca! Al suelo. Pero a pesar de esa caída seguiste. Y al cabo de pocas semanas ya patinabas solo.

 

La oratoria parece seguir el mismo flujo de aprendizaje.

El día uno haces una presentación. Estás nervioso y no sale todo lo bien que querías.

El día dos haces otra. También sale mal, pero mejor que la anterior.

El día tres haces una más. Puede que no notes mejoría.

El día 12 estás contento. Apenas te has puesto nervioso y has dado tu mejor discurso.

¿Te imaginas cómo te sentirás el día 50? ¿Y el 100?

Llegará un día en que puedas decir que ya dominas el arte de hablar en público y esos nervios que sentías quedarán como parte de tu aprendizaje porque como dijo Ralph Waldo Emerson: “Todos los grandes oradores fueron malos oradores al principio.”

 

Ahora puedes probar con esto

Pero mientras practicas y recorres ese camino vamos a ver como vencer el miedo a hablar en público para que esas primeras (y segundas y terceras) veces no sea tan duro.

Y ahí es donde entran en juego las creencias de las que hablaba. ¿Te imaginas que existiese un sistema de creencias que, de adoptarlo, te hiciese superar el miedo a hablar en público?

Pues hoy te traigo una de esas. Una creencia que a mí me ayudó a darme cuenta de que no pasa nada por salir ahí delante y equivocarse.

Y es que…

¿Acaso no se equivocan en público muchos otros profesionales?

¿No les pasa a los políticos? ¿No les pasa a los deportistas? ¿No le pasa a las “celebrities”?

Ponte en el lugar de un actor. Su trabajo es interpretar personajes para construir escenas y hacerte llegar una historia creíble. ¿Crees que la película se filma del tirón? No. Existen decenas de tomas. Cientos de ellas. Cuando algo falla, cortan y a rodar otra toma.

Sé que tú no puedes hacer lo mismo. No te puedes parar en el escenario y decirle al público: “esperen que estoy algo nervioso, me tomo una copa y en cinco minutos seguimos” pero sí que puedes cambiar tu manera de pensar sobre la audiencia.

Una de las (muchas) razones por las que aparecen esos nervios es por la percepción de evaluación. Crees que la gente que tienes en frente te está evaluando.

Y puede que tengas razón.

Pero hay evaluadores y evaluadores.

Solemos pensar que la gente es muy cabrona. Que el público es una tribu de apaches que nos coserán a flechazos en cuanto cometamos algún fallo. Que persiguen el error, que se juntan los más malvados de la ciudad para venir a vernos y reírse de nosotros.

¿Cómo perder el miedo escénico? Cambiando esa percepción. Ablandando esa falsa creencia.

Empezando a pensar cosas distintas de las que piensas ahora.

Y la que te tienes aquí abajo es una de ellas.