En la mayoría de colegios te educan para memorizar.

Memorizas textos, números, idiomas. Memorizas por repetición, escuchando grabaciones o usando tus propios trucos. Memorizas para poder aprobar ese examen cuyo contenido olvidarás en pocos días.

Pero también puedes elegir no hacerlo. De hecho, memorizas o no en función de una variable clave: la pereza.

Todo el mundo tiene la capacidad para memorizar un poema. Pero no todos tienen las ganas. Ni la disciplina necesaria.

 

Cuando hablas en público también tienes dos opciones. Memorizar o no memorizar. Hacer una cosa u otra suele depender de la pereza pero, además, de lo cómodo que te sientas con cada estrategia.

Nunca conocí a nadie en la escuela cuya estrategia para aprobar los exámenes fuese no memorizar. Si no abrías un libro lo normal era palmar. Pero sí que he conocido a gente que se siente más cómoda sin memorizar su presentación.

¿Te suena raro?

Sigue leyendo.

 

 

La primera decisión: Memorizar el texto o improvisar


Cuando empiezas a preparar una presentación debes decidir cómo vas a enfocarla.  En general puedes escoger una de estas tres  vías:

 

1- La preparas completamente. Escribes y memorizas todos los párrafos, palabra por palabra.

2- Defines los puntos principales pero no memorizas. En el momento de darla, improvisarás el desarrollo de esos puntos.

3- No memorizas ni preparas nada. Si crees que esta es una buena opción, puedes saltar directamente al vídeo del final del post.

 

Yo me siento más cómodo con la primera vía pero entiendo que haya gente que le funcione mejor otra cosa.  Por eso, aquí voy a analizar las ventajas y desventajas de cada método para que evalúes cuál es el que más te conviene.

 

 

Ventajas de memorizar tu presentación


Esta vía es la que más trabajo supone pero la que suele dar mejores resultados.
No puedes pretender memorizar tu charla en una hora o en una noche. No creo que alguien pueda memorizar sin esfuerzo, a cada uno le llevará más o menos tiempo pero es innegable que todo el mundo necesitará unas pocas horas. Si dispones de ellas, no te arrepentirás de aprovecharlas.

 

Controlas mejor el tiempo

Hables donde hables, tendrás un tiempo asignado. 45min para tu presentación, 30min de reunión o 18 para tu TED talk. Solo preparando TODO lo que vas a decir podrás llevar un minutaje exacto.

Aumenta tu confianza

Imagina que te presentas a un examen y solo has podido memorizar rápido un par de cosas a última hora. No creo que tengas mucha confianza en tus posibilidades. Pero si te has pasado dos semanas estudiando y lo tienes todo por la mano, seguro que la confianza será mayor.  Aquí pasa lo mismo; poca preparación se traduce en baja confianza pues tu mente sabe que existe un alto riesgo de que las cosas no vayan como te gustaría.

Reduces los nervios al hablar en público

La confianza no solo afecta a lo bien que haces algo: soltura, seguridad, aplomo… sino que está estrechamente relacionada con otra cosa. Los nervios. A más confianza menos nervios y viceversa. Por eso siempre te interesa tener la confianza por las nubes.

Te das cuenta de posibles carencias

Cuando preparas tu presentación a fondo es cuando te das cuenta de si los conceptos están suficientemente claros,  si el orden de las ideas es adecuado o de si los ejemplos son aclaratorios. Si la improvisas solo te darás cuenta…cuando sea demasiado tarde.

 

 

Desventajas de memorizarlo todo


Esta estrategia no está exenta de riesgos. Los dos principales son:

 

Suenas como si estuvieses recitando

Tal vez hayas oído alguna vez que no conviene memorizar la exposición porque luego suenas robótico. Encorsetado. Falso.

Puede suceder.

Aunque yo creo que, si pasa eso, es que no has practicado lo suficiente.  Hay un momento de la práctica – Chris Anderson le llama “el valle inquietante”– en el que no suenas natural porque estás accediendo conscientemente a la memoria y eso el público lo nota. Se te escapa algún “A ver” o “un momento”  que delatan que hay algo preparado que intentas recordar.

Pero con la práctica suficiente, eso se elimina. Cuando eres capaz de hacer tu presentación sin estar pendiente de recordar cada palabra, te puedes centrar en lo que dices, en sentirlo de verdad y eso, my friend, de robótico tiene muy poco.

 

Usas un lenguaje poco natural

También puede suceder si… la preparación y memorización se han hecho solo con el lenguaje escrito.

El lenguaje escrito y el lenguaje oral son como las series dobladas o en versión original. Parecidos, pero no iguales.

Si no  practicas tu charla, si no pruebas las palabras en boca antes de dar por terminado el borrador, puedes acabar verbalizando palabras demasiado rebuscadas que quedan bien sobre papel pero con las que no te sientas cómodo en tu presentación. Si eso sucede, te estarás alejando del público.

 

 

Cómo saber cuándo “ya te lo sabes”


Preguntar cuántos ensayos hacen falta para estar preparado es como preguntar cuánta agua necesitas para dejar de tener sed. Depende de la persona, de la sed, del calor.

No tengo una respuesta exacta a esta pregunta. En mi caso es algo que, simplemente, noto. Es un estado mental. Es cuando paso de estar preocupado porque el tiempo se agota a tener ganas de que llegue el día D. En ocasiones alcanzo ese estado en tres días, en otras tardo semanas.

Aún así, algunos indicadores que pueden servirte para saber si ya te has aprendido tu exposición son:

 

  • Haber hecho al menos 15 repeticiones y conseguir 5 consecutivas sin ningún fallo.
  • Ser capaz de verbalizar la charla mientras haces otra cosa que suponga cierta carga cognitiva: cocinar, comprar algo por amazon, cambiar el fondo de tu teléfono, etc. Si eres hombre, ni lo intentes. No vas a poder.
  • Ser capaz de dar la charla en la mitad del tiempo sin dejarte nada. Esto significa poder darla ultra-rápido. Sin pausas, sin entonaciones, sin gestos. Simplemente, verbalizarla al doble de su velocidad.

 

Muchas personas afirman que no tienen tiempo de ensayar su charla. No es verdad. Lo que tienen son otras prioridades.

Si te cuesta encontrar ratos para el ensayo, quizá te sirva lo que yo hago.

Hablar solo en el coche.

Es asombroso lo que un trayecto de 30 minutos puede dar de sí. Apagas la radio, empiezas a ensayar y no hay quién te moleste.

Y luego está el viaje de vuelta.

 

 

Ventajas de definir los puntos principales e improvisar el resto


Aunque me guste más ir preparado, no significa que no aprecie las ventajas de cierta dosis de improvisación. A saber:

 

Suenas más fresco

En estos casos será casi imposible sonar como si estuvieras recitando. Estarás hablando como si te dirigieses a un grupo de amigos y les estuvieses contando algo. Tu mente no intentará acceder a texto memorizado sino que creará ideas sobre la marcha. Esa es la manera natural de comunicarnos y es más fácil que genere conexión con el público.

 

Ahorras tiempo

Si no te aprendes el texto de memoria significa que te has ahorrado tiempo. Tienes 6 horas más para hacer deporte, estar con tu familia o ver 6 capítulos de tu serie favorita.

 

 

Desventajas de la improvisación


Como imaginarás, considero que las desventajas de la improvisación son mayores que las ventajas. Ahí van:

 

Te quedas sin palabras

Puede que, cuando las necesites, no encuentres las palabras adecuadas para explicar un concepto. El cerebro no funciona igual en la soledad de tu casa que ante 50 personas expectantes. Si eso sucede, la impresión que se llevará la audiencia no es buena.

 

Digresiones

Al no tener un hilo exacto que seguir, es más fácil que prestes atención a esas ideas que asaltan tu mente y dicen “hmmm, ahora que lo pienso, también podría contar esto otro.” Las digresiones son explicaciones que no tienen relación directa con lo que cuentas y despistan a la audiencia.  La mayoría de las veces es mejor no usarlas.

 

Olvido de material importante

Es difícil recordar todos los puntos de los que quieres hablar si no los has memorizado y la improvisación aumenta el riesgo de dejarte algo en el tintero. Si lo que olvidas es secundario, no será determinante pero si se te olvida algo importante, tu charla perderá fuerza.

 

Poco control del tiempo

Lo habrás sufrido. Estás en una presentación, es la hora y el ponente sigue hablando. Miras el reloj y no se da cuenta. Parece ajeno a tus deseos de levantarte y salir.

El tiempo de la gente es sagrado y hay que respetarlo. Eso incluye el tiempo de la audiencia y el de los ponentes siguientes – de haberlos -. Cuando no tienes preparado palabra por palabra lo que dices es fácil que los tiempos se alarguen porque desarrollas más las ideas o porque caes en algunas digresiones.

 

Para solventar estos tres inconvenientes te sugiero que practiques varias veces aunque siempre sea con palabras distintas, que planifiques transiciones adecuadas que te ayuden a recordar los puntos importantes y que prepares tu charla para menos tiempo del asignado.

 

 

Qué debes hacer tú


Probar y ver con qué te sientes más cómodo. Hablar en público no es una ciencia, es un arte.

Tratar de encorsetar a la gente con lo que está bien o está mal puede ser contraproducente así que lo mejor es que conozcas las alternativas, las pruebes y decidas cuál se adapta más a tu estilo.

Si prefieres memorizar tu presentación te irá bien. Si decides esbozar los puntos principales e improvisar el resto, estoy seguro de que también.

 

Eso sí. Si eliges la tercera vía y decides no preparar nada no está de más que veas esto.