¿Si puedo escribir 7 discursos en 80 horas, cuántos podré escribir en 138?

La respuesta es doce y la sacas usando una regla de tres. Una de las cosas más útiles que aprendí en el colegio.

Pero luego crecí, fui a la universidad, aprendí un par de cosas más y, al salir, ingresé en Toastmasters y allí, de la mano de mi mentor, aprendí otra regla de tres. Una aún mejor. La regla de tres de las presentaciones. (aka Tricolon para más rigurosidad académica)

 

Como muchos hombres, siempre sentí una gran atracción por los tríos así que me afané en entender esta nueva regla.

Resulta que la regla de tres de las presentaciones es una técnica para escribir discursos que consiste en explicar algo usando tres adjetivos, tres ejemplos o tres frases similares.
El objetivo es darle más énfasis a tu idea, hacerla más recordable y más persuasiva.

¿Te das cuenta de lo que estoy haciendo?

Tres adjetivos, tres ejemplos, tres frases.

Darle más énfasis, hacerla más recordable y más persuasiva.

 

Eso es la regla de tres.

 

¿Por qué tres?

Si te soy sincero, no lo sé. En antiguos tratados de oratoria ya aparece el número tres como algo capital. Hasta el mismo Aristóteles hace hincapié en su famoso libro Retórica en la fuerza del trío Logos – Ethos – Pathos para dotar a un discurso de poder.

Siendo hombre y encima griego, cómo no le iban a gustar los tríos.

El caso es que la regla de tres confiere a tus discursos, tus frases o tus ideas una sensación de plenitud. Y eso hay que aprovecharlo.

Uno puede pensar que cuánto más adjetivos o ejemplos utilice mejor.

Y estaría equivocado.

Aunque te parezca extraño, para expresar una idea de manera impactante es mejor utilizar una regla de tres que una de cuatro.

 

Hace poco preparé un discurso de boda para una clienta que hacía de testigo. Mientras escribíamos ella me contaba las experiencias que había pasado con la novia:

 

-Hemos viajado a Praga juntas, nos hemos ayudado mutuamente para espantar a los moscardones de discoteca, hemos inventado el baile de la mariposa, hemos llorado juntas en momentos difíciles, hemos…

– Vale, vale – le dije.- Ahora escoge tres y esas serán las que nombremos.
– Pero ¿por qué sólo tres?- respondió ella.- Hemos pasado tantas cosas juntas que me sabe a poco decir sólo tres.
– Lo sé, pero, aunque te parezca contra-intuitivo, cuando enumeras algo o pones ejemplos en un discurso, tres es mejor que cuatro.
– ¿Y eso por qué?
– No lo sé, pregúntale a Aristóteles.

 

Siempre he pensado que está muy bien saber el porqué de las cosas pero hace unos años me di cuenta que mientras me funcionen no siempre me hace falta saber por qué.

 

¿Seré el único que la use?

No. Escoge una charla TED al azar. Apuesto a que en ella hay alguna regla de tres. Cuando veo discursos que se han convertido en clásicos, hay reglas de tres por todos los lados.

Demos una vuelta por algunos de los discursos más famosos de la historia.

 

Empecemos, cómo no, por el discurso de Steve Jobs de 2005 en Stanford. Lo puedes ver aquí.

Algunas de las reglas de tres que aparecen son:

“…Aprendí sobre serif y sans serif, sobre los espacios entre letras, sobre qué hace realmente grande a una tipografía…”

“…máquinas de escribir, tijeras y cámaras polaroid…”

 

En el discurso de Chaplin en el gran dictador podrás encontrar frases como éstas:

“…La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado barricadas de odio, nos ha llevado a la miseria y a la matanza…”

“…Os dicen lo que tenéis que hacer, lo que tenéis que pensar o lo que tenéis que sentir…”

 

Y para acabar, una de las obras maestras de los discursos: el de Robert Kennedy sobre la subjetiva importancia del PIB para medir el bienestar de un país. Aquí podrás verlo recitado de forma sublime en la película Bobby. (Empieza en el 2:40)

En el discurso habla de lo que deberíamos tener en cuenta al calcular el PIB y hace una larga enumeración pero la divide en grupos de tres:

“…Si juzgamos a los Estados Unidos de América por eso deberíamos incluir la polución, la publicidad del tabaco y las ambulancias para limpiar nuestras autopistas de cuerpos…”
“…Deberíamos incluir también el napalm, las cabezas nucleares y los coches de policía blindados para controlar las manifestaciones de nuestras ciudades…”
“…Incluye también el rifle Whitmann, los cuchillos Speck y los programas de TV que glorifican la violencia para poder vender juguetes a nuestros hijos…”

 

Y luego hace lo contrario, enumera las cosas que no tiene en cuenta otra vez en grupos de tres:

“…No mide la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación o la alegría con la que juegan…”

 

Y acaba rizando el rizo. Regla de tres al estilo pareado:

“..No mide nuestro ingenio ni nuestro coraje, nuestra sabiduría ni nuestro aprendizaje, nuestra compasión ni nuestra devoción por nuestro país…”

 

 

Como ves, la regla de tres de las presentaciones es como el queso, es capaz de mejorar cualquier receta.

Úsala cuando construyas tu presentación y te darás cuenta de que ésta se vuelve más redonda, más completa y más persuasiva.