Los universitarios a menudo se topan con un fenómeno conocido como la maldición del conocimiento.

 

Llegan a clase y se encuentran con un catedrático en frente cargado de titulaciones. Tiene dos licenciaturas, un doctorado y tres másteres. Ha escrito cuatro libros y lleva dando clases en la universidad desde que Napoleón cayó en la batalla de Waterloo.

 

Es un fenómeno.

 

O ese parece hasta que… empieza a explicar. Habla y habla y habla y, cuando han pasado 30 minutos, las cabezas de los alumnos se mueven a un lado para tantear con los ojos a sus compañeros en busca de algún signo de comprensión.

 

No lo hay.

 

Todos están igual de confundidos.

 

¿Qué c*** ha dicho? ¿Alguien ha entendido algo?

 

Parece mentira; el profesor con mejor currículum de la escuela da la clase menos comprensible de sus vidas.

 

¿Por qué?

 

 

Qué es la maldición del conocimiento


 

La incapacidad que tienen los expertos de ponerse en el estado mental del que no sabe.

Los expertos se han pasado tantas horas tratando con “su tema” que no recuerdan lo que es “no saber” y sus explicaciones, a menudo, no son fáciles de entender. Parece que la maldición del conocimiento hace que, cuánto más sabes sobre un tema, más difícil se te hace comunicarlo con éxito.

 

 

¿Solo pasa en las universidades?


El sábado pasado estábamos cenando con unos amigos y Elvia les contaba:

 

-Claro, antes todos los R1 eran mayores que yo, pero ahora empiezan a entrar más jóvenes y…

-Perdona, ¿qué son los R1?

-Ahh, son los médicos que acaban de entrar en el hospital y están realizando su primer año de trabajo.

 

 

Si le preguntas a cualquier trabajador de un hospital qué es un R1, te responderá sin dudarlo. Si se lo preguntas a cualquier otra persona, dudará antes de responder.

La pregunta es: ¿Con quién estás hablando?

 

La maldición del conocimiento no es exclusiva de las universidades ni del mundo médico. Sucede cada día en las escuelas de negocios, en las empresas, en los hospitales, en las presentaciones, en las conferencias y en general en cualquier lugar en el que un experto trate de comunicar ideas específicas de su campo.

 

Quizá alguna vez has hablado con alguien cuyo lenguaje era difícil de entender. Estaba tan acostumbrado a los tecnicismos de su campo que ni se planteaba que otro no lo pudiese comprender.

Como le sucedía al catedrático.

 

Si tu objetivo es comunicar una idea necesitarás que te entiendan y usar léxico rebuscado, jerga o terminología específica no te ayudará a lograrlo.

 

Y aquí entra en juego un oponente temible.

 

 

El ego es tu enemigo


Lo sé, eres un experto. Sabes mucho y quieres que la gente sea consciente de ello. Si usas un lenguaje llano y sencillo puede que la gente no perciba todo tu nivel así que vas a ir a lo complicado.

Triple pirueta y salto mortal.

 

Párate un segundo y piensa en el/la ponente que más te gustó. ¿Recuerdas cómo hablaba?

Dudo que fuese una retahíla de términos sofisticados y palabras de alta alcurnia. Lo sencillo no solo es más fácil de comprender sino que te hace conectar. 

Mark Twain dijo: “Lo más importante de un discurso no es la información sino la elocuencia.”

No te preocupes tanto de dar una información precisa y técnica como de asegurarte de que te entiendan. Porque si no te entienden, no hay comunicación.

 

 

Experimenta la maldición del conocimiento


Para sufrir este fenómeno sigue el siguiente enlace. Te llevará a un vídeo de un minuto.

Activa el sonido y, una vez lo hayas visto, vuelve aquí.

 

¿Lo has hecho?

 

Sigamos pues.

 

Apuesto a que en los primeros segundos no identificaste ningún patrón en esos ruidos que oías. Pero cuando le añadieron los tonos… ¡voilà!

¿Cierto?

 

Lo mismo le sucede a los participantes del experimento. En sus cabezas reconocen la canción -son expertos- y predicen que la mitad de la audiencia también lo hará. La realidad es que solo un 2% lo hace.

Eso es exactamente lo que les pasa a los expertos que no cuidan su lenguaje. Su campo se les ha vuelto tan familiar y lo ven todo tan obvio que ni siquiera piensan que no lo pueda ser para otros.

 

No dejes que eso te suceda en tu próxima presentación. Evita la maldición del conocimiento usando términos sencillos y comprensibles. Asegúrate de que todos lo entiendan.

 

William Butler dijo: “Piensa como un hombre sabio pero comunícate en el lenguaje de la gente”.

 

Hazle caso.