Cuando te compras un coche, de repente, parece que tu ciudad se ha llenado de ese mismo modelo. Empiezas a verlo al ir al trabajo, al llegar a casa o en el parking de Ikea. Lo ves en blanco, en rojo o en el mismo color que el tuyo. Lo conducen hombres, mujeres o simples desconocidos.

Parece que el mundo decidió hacer la misma compra que tú al mismo tiempo pero, a no ser que te creas el protagonista del show de Truman, sospecharás que no es la realidad la que ha cambiado sino tu manera de mirar.

Esos 5.000 coches ya existían antes de que tú te comprases el tuyo, pero no les prestabas atención. Cuando miras de forma distinta… ¡zas!

Aparecen.

 

El porqué de esto


Te cuento esto porque hace poco fui a una formación de storytelling y me fijé en algo que me hizo reflexionar.

Lo que más me sorprendió del formador fue lo agradecido que era. Daba las gracias por todas las aportaciones, por cada comentario, por cada interacción. Daba gracias por tener perfiles tan variados, por tener gente tan formada en frente y por la oportunidad de mejora que a él se le presentaba.

Era como si tuviese una habilidad especial para encontrar cosas que agradecer y un hábito desarrollado que le impulsaba a verbalizarlas.

Parecía entrenado para ver el lado bueno de las cosas.

Luego observé algunas de sus interacciones en las redes sociales y descubrí el mismo patrón. Agradecimientos a sus alumnos, a sus clientes y a sus mentores. Pero no eran los típicos. Veo cientos de “notas de agradecimiento” en Linkedin. La mayoría me parecen interesadas. Un modo de enmascarar la búsqueda de visibilidad.

Las suyas no.

Creo que era un agradecimiento sincero.  

En un mundo donde el uso de la queja sobrepasa al del elogio, me llamó la atención.

 

Y no. No es una persona especialmente afortunada. Es una persona como tú y como yo. Con sus alegrías y sus problemas. Sus días buenos y sus días malos. Sus dudas y sus rarezas.

Entonces ¿Cómo podía alguien normal tener tanto que agradecer?

 

Fue entonces cuando pensé en el efecto de compra del coche nuevo.

¿Puede ser que no se tratase de tener muchas cosas que agradecer sino de mirar de forma distinta a tu alrededor? ¿Podría ser que todas las cosas buenas de nuestra vida estuviesen ya allí pero no las viésemos?

Sí, tenía sentido.  Pero ¿por qué fijarse en ellas?

¿Puede que agradecer lo bueno que tienes te haga más consciente de su existencia y esa consciencia te haga más feliz?

 

 

Lo que dice la ciencia


Le eché un ojo a la literatura científica y parece ser que sí.

Robert A.Emmons y Michael E. McCulloch son dos de los autores que más han estudiado la psicología de la gratitud. En 2004 publicaron su ensayo en el que mostraban puntos sorprendentes.

En uno de sus experimentos, establecieron tres grupos: al primero le hicieron escribir a diario sobre asuntos por los que estaban agradecidos, al segundo sobre asuntos que les irritaban y al tercero sobre cualquier asunto.

Pasadas las 10 semanas, el primer grupo mostró puntuaciones más altas en cuanto a la valoración de su vida y unos índices más altos de optimismo.

Si bien con este experimento no se logra mostrar una relación de causalidad -que se considerasen más felices no asegura que fuese únicamente por el ejercicio de escritura-  lo que si parecen apuntar ese y otros estudios es que existe cierta correlación entre las dos variables.

La gente que agradece lo que tiene -verbalmente o por escrito- parece ser gente que se considera más feliz.

Tiene sentido.

Cuando te fijas en los coches no puedes evitar pensar: “¡Cuánta gente con el mismo coche!”

Cuando te fijas en lo bueno que tienes no puedes evitar pensar: “¡Cuántas cosas buenas que me pasan!”

Y claro, si continuamente estás pensando esto último, parece lógico que estés más contento.

 

Entrenarse para ver el lado bueno de las cosas.

 

 

Lo que hace la gente


La mayoría de las personas que conozco tienen una vida objetivamente buena: viven en un piso con agua caliente, tele y conexión a Internet.  Disponen de ropa más que suficiente, disfrutan de tres comidas al día, tienen amigos, pareja y familias en las que apoyarse, pero, paradójicamente, no parecen ser conscientes de ello. Las conversaciones que mantienen están enfocadas en lo cabrón que es su jefe, en la corrupción de los políticos o en la supuesta falta de libertades que sufren.

 

Están entrenados para ver el lado malo de las cosas.

 

Cuando acabé la formación decidí que quería mirar de una forma distinta. Quería empaparme de todo lo bueno que tengo. Decidí entrenarme para ver el lado bueno de las cosas.

 

Hace un mes que lo primero que hago al levantarme es encender el ordenador y escribir algo por lo que estoy agradecido. Mi plantilla dice: “Doy las gracias por…” y siempre le dedico 60 segundos a rellenarla.

Ahora mismo tengo una lista de 26 cosas, puede que cuando llegue a 100 las comparta.

 

Pero antes, teniendo en cuenta que ya hace tres años que empecé nachotellez.com y hoy, con más de cien formaciones a mis espaldas, con 12 clientes con los que es un gusto trabajar y habiendo llegado a la cifra de negocio que en 2015 me parecía un sueño, he sentido  -y uso este verbo a propósito- que es momento de repartir agradecimientos pendientes.

 

 

Lo que no dije pero debería haber dicho


Gracias a mis padres por la educación que me dieron. Sin sus consejos no habría seguido la senda que me ha llevado hasta aquí. Ahora que soy padre sé que, aunque a veces tengamos nuestras diferencias, siempre hicieron lo que creyeron mejor para mí. Y lo siguen haciendo.

 

Gracias a Jesús Salillas, mi mentor en el mundo de la oratoria. A menudo pienso cuán diferentes hubiesen sido las cosas si no hubiese topado con él. Solo con que el día en el que lo conocí se hubiese puesto enfermo, hoy todo sería distinto. Jesús supo entrenarme, guiarme y despertar ese loco anhelo por la oratoria que durante estos seis años ha guiado mis pasos.

 

Gracias a toda la comunidad Toastmasters, no solo a los clubs de Barcelona sino a todos los de España que, cada vez que me los encontraba en las nacionales, me transmitían esa energía positiva que te ayuda a creer en ti.  Toastmasters es, sin duda, uno de los mejores descubrimientos de mi vida.

 

Gracias a Andrea Burón que me dio una gran lección de humanidad y tolerancia y me enseñó que las escuelas, además de enseñarte conocimientos, te forman como persona y crean lazos sociales. Y que ninguna cosa es más importante que otra.

 

Gracias a David Sagristá que puso el listón muy alto en los concursos nacionales y me obligó a exigirme y a dar lo mejor de mí. Espero que algún día volvamos a coincidir.

 

Gracias a los que creyeron en mí desde un principio y gracias a los que dudaron. Los primeros me apoyasteis cuando el que más dudas tenía era yo y los segundos me disteis fuerzas para demostraros que os equivocabais. A veces las ganas de demostrar son un combustible inagotable.

 

Gracias a las primeras escuelas que me aceptaron como docente por su confianza y su valentía. Pero gracias a las que me rechazaron por hacerme ver que todavía podía mejorar mis propuestas.

 

Gracias a mi ex socia, Laura, por animarme, aguantarme y empujarme a crear todo lo que creamos. Ahora ya no estamos juntos, pero sé que no hubiese dado el primero paso sin ella.
Si tú vienes conmigo yo me atrevo. 🙂

 

Gracias a todos los asistentes a mis formaciones por el feedback, los elogios y las palabras de ánimo. Ver caras contentas y espíritus satisfechos al final de las formaciones es algo que el dinero no puede pagar. De todas las variables que me indican que esto puede sostenerse en el largo plazo, esta es la que más peso tiene.

 

Gracias a todos los organizadores de eventos que han confiado en mis ponencias. Desde Madrid hasta Barcelona pasando por Valencia. Gracias. Me gusta un montón estar ahí.

 

Gracias a los que me recomendasteis a otras personas.  Algunos sois mis héroes anónimos, a otros os conozco, pero todos habéis sido generosos conmigo. Dentro de este grupo destaca Michelle Barrios, una mujer increíble.

 

Gracias a los usuarios que siempre estáis ahí. Enrique, Cristina, Laia, Alfonso, Isabel, Jorge, Ana, Alberto y otros que probablemente ahora olvide. Vuestros comentarios, correos y sugerencias siempre son bien recibidos.

 

Gracias a mis amigos. En ellos me apoyo cuando la rutina amenaza con atenazarme. Gracias a los que están y más aún a los que ya no. Gracias en especial a ti amigo. 

 

Y cómo no, gracias a mi pareja Elvia, una de las mujeres más excepcionales que conozco.  Gracias por aguantar tantas horas sola mientras yo me encierro a trabajar. Gracias por quererme y apoyarme cuanto más lo necesito aunque tal vez sea cuando menos lo merezco. Gracias por ser como eres. Sé que contigo soy una mejor versión de mi aunque nunca te lo digo.

 

Una vez leí una entrevista a Jorge Lorenzo en la que le preguntaban cuál creía que era el factor clave para que alguien pudiese triunfar y él respondió: “Que alguien crea en ti, cuando incluso tú mismo dudas”.  Elvia ha cumplido y sigue cumpliendo ese papel. Además, en estos tres años hemos tenido la suerte de ver juntos como nacía nuestra hija Elea que nos ha dado muchas más alegrías de las que un día me permití soñar.

 

Gracias también a mi hija Elea que, sin saberlo, me ha hecho un hombre más feliz. Creo que la felicidad a largo plazo nace de la felicidad a corto plazo y nadie me hace los días, las horas y los minutos más felices que ella.

 

Y gracias a ti por leer hasta aquí. En algún momento también has formado parte de esto.