Si te digo que la democracia es absurda igual te sorprendes, pero puede que dentro de 4 minutos esa sorpresa sea convierta en una duda razonable.

Seguramente asocies democracia con libertad, justicia incluso con prosperidad. Yo también, al fin y al cabo, soy uno más del rebaño.

Lo que me sorprende es que la tengamos por la mejor forma posible de gobierno cuando, como poco, es una manera absurda de organizarnos.

 

Hace 300 años, en Francia gobernaba Luis XIV. Estaba allí por designio divino. Dios lo había situado en el trono y tenía el derecho de hacer o deshacer lo que quisiese porque era el legítimo gobernante. O al menos eso era lo que pensaban la mayoría de franceses.

Tú y yo sabemos que esa idea es una locura. Dios no puso a nadie en el trono y menos a Luis. Pero si les hubieses insinuado eso a los franceses de la época…

-Oye, sabéis que eso de la monarquía divina es mentira, que se lo ha inventado él para poder gobernar.
-Nuestro Luis gobierna por derecho divino. A la hoguera con el bastardo ¡Traidor!

 

Es probable que, hoy, 300 años después, pase algo parecido con el que insinúe que la democracia es una locura aunque afortunadamente las hogueras están pasadas de moda.

Por eso he venido a darte la pastilla roja.

 

Imagina que un meteorito se acerca a la Tierra. Tiene el tamaño de 100 tiendas de Ikea juntas y viaja a una velocidad de 70 km por segundo. Si no evitamos el impacto, la Tierra se desintegrará en pocos minutos. Solo tenemos 15 días para encontrar una solución.

 

Te propongo dos opciones para salvar el mundo:

1-Juntamos a las mentes más brillantes del planeta: astrónomos, físicos, matemáticos, Sergio Ramos… y les pedimos opinión. Les planteamos la situación y esperamos a que nos digan cuál es la mejor solución posible.

2-Hacemos una encuesta a todo el mundo. Dejamos que cada persona del planeta diga qué haría y escogemos la opción que más se repita.

 

¿Cuál de las dos opciones escogerías para salvar el planeta?

Seguramente la primera porque piensas que alguien que entiende del tema tomará una mejor decisión. Un pastelero hará unos postres deliciosos, pero es muy probable que no tenga ni idea de asteroides, antimateria o de estrellas de neutrones. Por eso no le pedirás su opinión sobre cómo evitar el impacto del meteorito.

 

Ahora, volvamos a la democracia.

Esta vez no hablamos de un planeta, hablamos de un país. Pero seguimos hablando de salvarlo del desastre o de hacer que prospere.

 

Se acercan unas elecciones, te propongo dos opciones para escoger al mejor gobierno.

1-Juntamos a las mentes más brillantes del país y con más conocimiento sobre política. Les planteamos la situación y esperamos a que escojan la mejor opción posible.

2-Hacemos una encuesta a todo el país. Dejamos que cada persona mayor de 18 años exprese su opinión y escogemos la que más se repita.

 

¿Cuál de las dos escogerías?

Es muy probable que tus nociones sobre política, como las mías, sean prácticamente nulas. No sabemos cuál es la mejor manera de gobernar. No entendemos nada sobre política monetaria o fiscal. No conocemos más gestión de infraestructuras que pintar las paredes de nuestro piso, pero aun así, cuando se acerquen unas elecciones, iremos todos a votar.

 

Así de absurda es la democracia.