¿Has tenido alguna vez la sensación de no ser un experto en eso que haces?  Muchos hemos pasado por ahí. Pasar por ese estadio tiene mucho que ver con la definición que uno mismo tiene de experto.

Sabes que para ganar crédito -online u offline- necesitas ser percibido como un experto.  Eso hará que la gente confíe en ti y te contrate, pero… ¿cuándo puedes definirte cómo experto?

 

 

Lo que significa ser experto


Cuando oyes la palabra experto piensas en alguien que sabe mucho. No sólo eso sino que la definición suele ir asociada a algo más. A estudios, licenciaturas, másteres, años de experiencia, etc.

Crees que aún te falta mucho para llegar ahí y puede que sea cierto. La pregunta es, ¿hasta dónde necesitas llegar?

 

En muchos campos una titulación te legitima como experto. Por ejemplo, yo no me dejaría operar por un médico que asegura que ha operado durante años sino tiene el título de de medicina.

Pero en la mayoría de casos no es así.

Ya no.

 

 

La definición de experto de Ericsson


Anders Ericsson es un psicólogo sueco que da clases en la Universidad de Florida y es famoso por haber estudiado a fondo la materia. Se dio a conocer al realizar un estudio en el que aseguraba que para considerarte experto en algo debes llevar a tus espaldas 10.000 horas de trabajo/estudio en ese campo.  Y esa no es una cifra exacta, varia en función del campo, de la persona y de otras variables.

Según Ericsson:

“Las 10.000 horas no son exactas, sólo te dan un sentido de lo que le llevaría a alguien convertirse en experto. Aún así, calculando unas 10-20 horas semanales de práctica estamos hablando de años para conseguirlo.”

 

Esa es una definición. Pero no la única.

 

 

Saber más que la mayoría


Otra definición útil de experto es:

“Aquella persona que domina suficientemente una materia para poder ayudar a los demás a aprenderla”.

 

Y ahí entra en juego una palabra importante: suficientemente. 

¿Necesitas tener todos los conocimientos del mundo en una materia para considerarte un experto?

Absolutamente no.

De hecho, puede que tu nivel actual te permita definirte como experto. Al menos para un gran grupo de personas.

 

Hay un gráfico que usa a menudo Franck Scipion que ayuda a entenderlo.

grafico-experto

Existe un gran número de personas que tiene un conocimiento bajo de una materia pero, a medida que el grado de conocimiento aumenta menos personas lo poseen. ¿Hasta ahí fácil no? Lo importante es que un 90% de la población tiene solo el conocimiento básico de un 90% de las materias. Así que, por poco que estés especializado en una, es muy probable que tú estés en la cruz roja o más avanzado.

¿Qué significa eso?

Que sabes más que la mayoría y, si te esfuerzas un poco, serás capaz de ayudarlos.

 

 

 

Cómo convertirte en experto


Si quieres ser un experto ponente, mecánico o jardinero hay 6 cosas que puedes hacer y que te ayudarán a conseguirlo.

Pero la más importante de todas, la que va a medir en gran parte tu éxito es la respuesta a esta pregunta:

¿Cuánto lo deseas?  

 

Todos queremos hacerlo bien y ser el mejor pero lo que pocos quieren es prepararse para ser el mejor.

Ser un experto en algo significará renunciar a ciertas cosas. A tu familia, a tu tiempo libre, a tu… no puedes esperar ser un experto en un campo sin dar nada a cambio.

 

Si de verdad te vas a convertir en un experto, estos 6 pasos te ayudarán a conseguirlo.

 

 

6 sugerencias para convertirte en un experto


 

1- Aprende

El primer paso es la formación.  Para poder mostrarle el camino a los demás primero necesitas recorrerlo tú. Necesitas adquirir los conocimientos necesarios no solo para saber lo que haces sino para ganar confianza.

El sentimiento de fraude, el pensar que no eres un experto acostumbra a venir de la falta de confianza. No valgo, no sé lo suficiente, no soy un experto así que no puedo ser un buen profesional.

Ese sentimiento es uno de las mayores barreras que debes saltar para poder sentirte como un experto. Y una de las mejores maneras de hacerlo es adquirir conocimientos. El conocimiento disipa las dudas y te hace sentir confianza.

Lee libros, asiste a clases, haz ejercicios. Aprende, cúltivate y estarás más cerca de ser ese experto que quieres ser.

 

 

2- Practica. Practica. Practica. 

Hagamos una apuesta: tú inviertes 50 horas en absorber información: te lees los 10 mejores libros de retórica, miras con atención los mejores discursos de graduación y visionas las mejores charlas motivacionales.

Yo me paso esas 50 horas dando discursos.

¿Quién hará el mejor discurso mañana?

I win.

Practica más. Estudia menos. Una buena regla para aprender más rápido es la de los dos tercios. Sea lo que sea lo que quieres aprender, dedica un tercio del tiempo a estudiarlo y dos tercios a hacerlo.

 

“La práctica hace al maestro…siempre que la estés haciendo bien”.

Practicar y practicar y practicar es necesario. Pero asegúrate de estar haciéndolo bien. De nada te va a servir hacer algo muchas veces si lo haces mal. Por eso hemos empezado por la sugerencia 1.

¿Cómo sabrás si lo estás haciendo bien? Con la sugerencia número 3.

 

 

3- Obtén feedback

¿Cómo sabes si lo estás haciendo bien? Preguntando a los demás.

Obtener feedback es una parte esencial del proceso de mejora que te convertirá en experto.

La semana pasada mi amiga Lauren me contaba que estaba desesperada porque sentía que no aprendía en el restaurante en el que estaba haciendo las prácticas. Ella está en la cocina con la repostería y, cuando hace algo mal, el jefe de cocina se limita a decir: “está mal, hay que repetirlo.” pero no le da ninguna indicación. Eso le ralentiza enormemente el aprendizaje. ¿Cómo va a hacerlo bien si no le dice en qué ha fallado?

¿Cómo vas a hacerlo bien tú si no sabes qué mejorar?

Los antiguos oficios se basaban en el feedback del maestro. El aprendiz miraba, imitaba y, cuando repetía la conducta, el maestro le decía qué hacía mal para que pudiese evitarlo.

Haz tú lo mismo. Pídele opinión a tu gente y asegúrate que no te doren la píldora. Escuchar lo que hacemos bien satisface al ego pero estar dispuestos a escuchar y aprender de nuestros errores es lo que conduce a la mejora.

 

 

4-Entrena en situaciones reales

Uno de los consejos que suelo oír para practicar una charla es: ensaya delante del espejo.  Yo no lo sugeriría. ¿Lo has probado alguna vez? Es algo antinatural. Además, si eres hombre, te darás cuenta de la dificultad de dar tu discurso mientras te miras y observas en el espejo. 2 cosas a la vez es mucho para nosotros.

Pero eso no es lo más importante.

Bower (1981) demostró que solemos recordar mejor la información cuando el estado emocional y el contexto son similires a los que se dieron en almacenamiento de dicha información. Eso significa que si vas a dar tu charla en una sala de reuniones con 6 personas, siempre será mejor practicar en esa misma sala con un público parecido que hacerlo en la intimidad de tu casa frente al espejo.

Ensayar en situaciones reales es bueno para memorizar mejor pero también para ir reduciendo los nervios al hablar en público que descienden a medida que te familiarizas con una situación. ¿O acaso te pones igual de nervioso ahora que la primera vez que…? 🙂

 

 

5- Encuentra un mentor

Todos los héroes tienen un mentor. Frodo no hubiese hecho nada sin Gandalf y tú harás menos de lo que puedes si no tienes a tu mago particular.

Obtener un mentor no es fácil. Tú no te vas a conformar con cualquiera y cualquiera no va aceptarte a ti. Para que una mentoría funcione no solo debes coger a un gran profesional, sino conseguir que le importes. No se debe preocupar solo de si aprendes sino también de cómo te va la vida. De cómo lo que te enseña te afecta tanto en el plano profesional como en el personal. Ese tipo de relación es la que demuestra ofrecer más resultados en términos de mejora salarios y felicidad a largo plazo.

 

 

6- Enseña

Mi comportamiento en el colegio nunca fue ejemplar. Gracias a eso disfruté de una gran variedad de castigos.

Uno de los que más me marcaron fue el que me impuso en sexto mi profesor Toni Llamas.

-Ser profesor es muy fácil, te sientas en la mesa y no haces nada más que mandarnos deberes.

-¿Ah sí? Entonces tú vas a preparar el examen del viernes Nacho.

 

Fue un trabajo largo pero mentiría si dijese que me aburrí.

Primero leí el tema. Luego lo repasé para asegurarme de entenderlo. A continuación, seleccioné la información más importante y separé la que no lo era. Además, preparé un par de preguntas trampa y otra basada en algo que había dicho Toni en clase pero que no salía en el libro.

Cuando llegó el viernes le entregué orgulloso 40 copias del examen para toda la clase. Él las cogió, las dejó con cuidado en su mesa y sacó del cajón el examen que había preparado él mientras me guiñaba un ojo.

Ese día aprendí dos cosas: que preparar un examen es una manera fantástica de aprender y que en clase de Toni debería tener la boca cerrada.

El hecho de pensar en preguntas que condensan una enseñanza te obliga a entenderlo todo bien. Y un efecto parecido a ese es enseñar activamente.

Cuando te preparas para enseñar, te preocupas de entenderlo todo bien. Y no sólo eso, sino que buscas las mejores fórmulas para que otros lo puedan entender. Y es precisamente en ese proceso cuando se da el aumento exponencial del aprendizaje.

Por eso Joseph Joubert dijo aquello de: “Enseñar es aprender dos veces.” 

Busca alguien a quién le puedas enseñar aquello que estás aprendiendo. Explícale en qué consiste, lo que más te gusta, lo que consideras útil o inútil… asegúrate de que lo entiende todo bien y el que saldrá ganando eres tú. Porque la mejor manera de aprender es prepararte para enseñar.

 

 

Cualquier experto empezó sin serlo


Cualquier persona que admires o que consideres experta no nació siéndolo. Ni se convirtió en ello en un fin de semana.  La realidad es que es no hay un ascensor para eso, hay que coger las escaleras.

Tómate tu tiempo y, como decía mi profesor Toni Llamas, hazlo sin prisa pero sin pausa.

Sigue estas sugerencias para convertirte en experto y, antes de que te des cuenta, el mundo te considerará un@.