Los conductores de mercancías tienen una norma:  no pueden conducir más de cuatro horas y media seguidas. Si llegan a ese tiempo sin haber parado, el tacógrafo les avisará de que deben descansar 45 minutos.

A los conductores particulares también se nos recomienda parar unos 15 minutos cada hora y media de conducción.

¿Por qué? Porque la vista, el cuerpo y la mente trabajan mejor con pausas. Esas pausas mejoran la atención, el humor e incluso el viaje. ¿Has hecho un viaje de más de 5 horas seguidas? Seguro que tus piernas agradecieron el momento en el que se paró el motor, las puertas se abrieron y pudieron pisar suelo firme.

 

La oratoria no tiene una legislación que regule el uso de pausas pero usarlas tiene el mismo efecto que al conducir. Lo mejoran todo.

 

¿Por qué usar las pausas al hablar en público?

Las pausas tienen 5 grandes beneficios.

 

1.Fomentan la atención

Si eres profesor seguramente habrás alzado alguna vez la voz para pedir silencio a tus alumnos. Unos días funciona, otros no. Prueba esto: ponte delante de ellos en una posición centrada, míralos a todos y mantente callado. Haz una pausa eterna. Verás cómo, poco a poco, los ojos se vuelven hacia ti.
El mejor amigo de la atención no es el grito sino el silencio.

 

2.Hacen que sea más fácil entenderte

Las pausas al hablar pueden ser como las comas al escribir. El detalle que hace que una frase se entienda o se malinterprete.
 

Vamos a comer, niños.

Vamos a comer niños.
 

Puede que quieras decir lo primero pero si no haces la pausa adecuada los padres se asustarán.

Las pausas hacen más comprensible tu mensaje no solo porque permiten interpretar las cosas tal como son sino porque les dan a las mentes de la audiencia el tiempo que necesitan para procesar las ideas.

 

3.Proyectan seguridad

Cuando los nervios al hablar en público hacen su aparición muchas personas tienden a hablar más rápido de lo normal. Su subconsciente parece encontrarlo una solución útil para salir pronto  del escenario.  Eso da una sensación de inseguridad y poca confianza.

Por el contrario, si eres capaz de mantener un ritmo adecuado y utilizar pausas en momentos clave estarás proyectando una imagen de confianza y aplomo.
 

Fíjate en cómo hablan los grandes oradores.

Aquí te dejo un ejemplo del campeón mundial de oratoria de 2014 cuyo nombre es impronunciable.

Y aquí puedes ver al que tal vez sea el primero de la clase en el mundo real. Observa su ritmo durante el primer minuto y cómo, alrededor del 1:10, empieza a utilizar pausas para remarcar los puntos más importantes.

 

4.Hacen que uses menos muletillas

Las muletillas son aquellas palabras o sonidos que usas para rellenar los silencios mientras buscas el término adecuado. También son aquellas palabras de las que abusas sin que aporten nada a tu lenguaje. Desde ehhhhh, mmmmm, hasta Bueno, realmente, ¿no?

Hace tiempo hablé en profundidad de qué son y cómo evitarlas y uno de los trucos que sugerí fue usar pausas.

 

Las pausas son a las muletillas lo que el chocolate al sexo. Un sustitutivo. Son las exterminadoras. Las destructoras. Su enemigo más feroz. Si haces una pausa, por definición, no puedes usar una muletilla.

 

5.Mejoran la improvisación

Siempre sugiero que te prepares tus discursos pero sé que la mayoría de veces habrá espacio para la improvisación. Un día no habrás podido ensayar tanto como te gustaría, otro querrás cambiar los ejemplos que usas y otro deberás responder a una pregunta del público que será totalmente inesperada.

En cualquiera de esos momentos usar las pausas le dará a tu cerebro el tiempo necesario para encontrar la idea que busca.
 

Haz este experimento:

Siéntate a tomar café con un amigo y pídele que te pregunte algo. Cualquier cosa servirá.

Respóndele tan rápido como puedas y sin pensar la respuesta. No te pares, no dejes de hablar. No permitas que tu cerebro frene a tu lengua.

Ahora pídele que te haga una pregunta distinta.

No respondas al instante. Tómate 5 segundos para pensar lo primero que digas.  Argumenta tu respuesta y utiliza pausas entre frases. Úsalas para pensar en lo siguiente que vas a decir.

Pregúntale qué respuesta le ha parecido mejor.

Luego paga tú el café. Así, aunque un tío raro, serás un amigo generoso.

 

 

Cuándo y cómo usar las pausas

Existen varios tipos de pausas. A continuación te detallo cuáles son y cuándo conviene usarlas.

 

Al empezar tu presentación

No es fácil. Pero pocas cosas que valen la pena lo son.

Antes de empezar tu discurso adopta una posición centrada, mantente erguido y mira a los ojos de las personas que tienes en frente. Cuenta mentalmente: uno….dos…tres….cuatro…cinco. Y sólo entonces deja que tu boca pronuncie tu aperturaEsos cinco segundos –o tres si eres impaciente- generarán tensión y te harán ganar la atención de muchos pares de ojos.

 

Después de una pregunta

Las preguntas son elementos del discurso que ayudan a conectar con la audiencia. Cuando preguntas algo estás obligando al público a pensar y eso los hace partícipes de tu presentación.  Si las usas, asegúrate de ofrecerles ese tiempo para reflexionar. Si no lo haces, la pregunta no tendrá el efecto que buscabas.
 

“¿Sabéis cuántos divorcios habrá esta semana en vuestra ciudad? –Pausa- 85.”

 

Para resaltar mensajes importantes

Las pausas fomentan la atención y la comprensión. Si sabes esto no hay mejor momento para usarlas que cuando enuncias un mensaje importante.

Para potenciar ambos efectos te sugiero hacerla antes y después del mensaje. La idea subyacente es que la primera pausa informa al público de que algo interesante se avecina.  La segunda, de que vale la pena recordar aquello.
 

“Lo que me enseñó mi enfermedad es sencillo: –Pausa– Si de verdad quieres algo encontrarás una manera de hacerlo.-Pausa- Si no lo quieres, encontrarás una excusa.” –Pausa-

 

Después de que el público se ría

El humor es uno de los mayores conectores con la audiencia. Para liberar todo su potencial debes permitir al público que se ría con tu broma. Algunos oradores tienen su discurso memorizado y no paran el disco aunque la sala prorrumpa –a ver si lo puedes decir tres veces seguidas- en carcajadas. No pararían ni aunque hubiese un terremoto. Tú no harás eso. Hacerlo significaría mandarles un mensaje inconsciente: “no te rías tanto que te vas a perder lo siguiente que digo” y eso afectaría a las risas futuras. Tú les dejarás unos segundos para reírse y, cuando se vaya apagando el jolgorio, continuarás.

 

Al cambiar de diapositiva

Power point y las presentaciones son, hoy, un matrimonio. Aunque muchas veces sería mejor que acabasen engrosando ese número 85. Si quieres algún consejo para una relación duradera, aquí tienes 20.

Cuando cambies de diapositiva tu público mirará la pantalla.  Da igual que tú sigas hablando, ellos desviarán su atención. La naturaleza nos creó para no poder dejar pasar por alto un estímulo así. No luches contra ello. Amóldate. Deja pasar un par o tres de segundos antes de empezar a hablar. De esta manera, habrán mirado la diapositiva y te estarán prestando de nuevo su atención.

 

 

¿Te consideras un orador que usa adecuadamente las pausas? ¿Hay alguna que te cuesta adoptar?

Si tienes más ideas sobre cómo usarlas estaré encantado de que participes en los comentarios. Compartir es el primer paso para aprender.