En un mundo utópico ser un buen padre es algo fácil. Tus hijos se comportan, entienden los límites y sus travesuras se quedan en la elaboración de bombas de fabricación casera.

Lo único malo de eso es que ese mundo no existe.

A menudo quieres que tus hijos -o tu audiencia- te hagan caso y te devanas los sesos pensando cómo. Hay muchas situaciones que te hacen reflexionar sobre cómo ser un buen padre, una de las más repetidas es esta:

Tu hijo se enfada porque (no quiere comer eso, no quiere irse del parque, quiere ver la tele y no le dejas, quiere estar con su prima, quiere pintarte la cara, quiere que juegues con él, quiere que lo cojas en brazos, quiere ir en coche, quiere ir solo, quiere más espaguetis, quiere menos, quiere queso rallado, quiere, quiere, quiere) y entra en cólera. Poco a poco se transforma en Hulk, sus ojos se agrandan, sus venas se hinchan y por su garganta empiezan a sonar tambores de guerra.  Ya sabes qué se avecina, pero no puedes frenarlo. Intentas convencerlo, pero has llegado tarde. Su cólera estalla y empiezan los gritos, el llanto y la pataleta.

Tú crees que ese estallido es irracional e injustificado y, como no fuiste a la escuela para padres, confías en tu instinto para solucionar el problema así que amenazas con castigarle, le gritas más alto o, mejor aún, haciendo gala de tu legendario temple, intentas hacerle ver el sinsentido de su enfado con argumentos lógicos.

No funciona.

Aun así, a la semana siguiente -o al cabo de tres horas-, haciendo bueno el refrán que dice que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, vuelves a usar la misma ineficiente técnica para frenar el siguiente brote.

Sigue sin funcionar, claro.

Sé que ser un buen papa no se basa únicamente en atajar los enfados de tu progenie, pero si lo consigues y, además aprovechas para educar a tus hijos, creo que eres un mejor padre.

Lo que sigue son consejos para padres que necesitan calmar las rabietas de sus hijos y que, además, te enseñarán algunos trucos para hablar mejor en público.

Así que, tanto si quieres saber cómo vencer a Hulk como si te preguntas cómo ser un buen orador, lo que sigue puede serte útil.

5 consejos para ser un buen padre que puedes aplicar en tus presentaciones


1.Conecta

Hulk está fuera de sí, con lágrimas en los ojos y a punto de reventar sus cuerdas vocales, pero tú insistes en que entienda que lo que ha hecho está mal. Ferviente defensor de Aristóteles, estás convencido de que la lógica es la mejor arma.

Good luck with that.

En ese estado, el niño ni te escucha ni te oye. Ni siquiera lo intenta. Lo primero que hay que hacer es conectar con él y cambiar su estado emocional.  

Para conseguirlo tendrás que salir de ese estado, si es que también te has situado en él, y comunicar desde la calma y la confianza. Si gritas, provocarás una escalada de gritos.

Cuando accedas a ese estado de calma, valida sus emociones. Decirle que no llore porque no tiene razón no suele funcionar. Pregúntale por qué está tan enfadado y entiende su frustración.

Cuando te responda, no te limites a decirle que lo entiendes. Porque un “te entiendo” va seguido de un “no, no me entiendes”. En su lugar, refleja lo que él te ha dicho. “Te ha molestado que no te deje llevarte el cuchillo jamonero al cole ¿verdad?”. Eso irá seguido de un “Sí”.  En ese momento, Hulk vuelve a convertirse en Bruce Banner y está más dispuesto a escuchar. 

Cómo aplicarlo para ser mejor orador

Cuando hablas delante de una audiencia –y más aún cuando no te conocen- necesitas conectar con ellos. Necesitas demostrar que sabes quiénes son y que pueden confiar en ti. Necesitas gustarles.

Tienes muchas maneras de conectar. Puedes usar el humor, puedes mostrarte vulnerable o puedes hacer algo tan sencillo como preguntarles algo inclusivo para que vean que estáis en el mismo barco.  Las preguntas inclusivas son una de las mejores herramientas para empezar tu presentación.

2- Corto es mejor que largo

Estamos hablando de cómo ser un buen padre no de cómo ser un buen marido.

Los niños son como los peces, tienen una horquilla de atención corta. ¿Has probado de enlazar tres frases seguidas sin que su atención se disperse? 

Si quieres que te preste atención, habla poco. Piensa que tienes 10 segundos para decirle lo que quieres y no te excedas.  

Cómo aplicarlo para ser mejor orador

“Nunca nadie se ha quejado de que una presentación sea demasiado corta.”

Ira Hayes

¿Hace falta decir algo más?

Por si acaso lo digo. Una presentación de 40 minutos es mejor que una de 1 hora.

Una de 20 es mejor aún.

3- Reconoce emociones, censura comportamientos.  

Los niños sienten. Igual que tú.

No les atiborres con lógica porque la vomitarán. En su lugar, reconoce sus emociones y acéptalas.

Está bien que se sientan enfadados, lo que no está bien es que, como consecuencia de su enfado, tiren la silla del escritorio por la ventana. No les prohíbas enfadarse, prohíbeles comportamientos inadecuados.  

Cómo aplicarlo para ser mejor orador

Las emociones son, frecuentemente, el gran olvidado de las presentaciones. Hemos crecido aprendiendo a presentar datos y nos hemos despreocupado de hacer sentir a los demás.

Los niños sienten. Igual que tú. Sí. Pero tu jefe también. Y tus compañeros. Y tus clientes.

No te preocupes solo de lo racional o tu presentación estará coja. Incluye elementos que despierten las emociones de los presentes.

4. Involúcralos

En este estado más receptivo, el niño ya puede empezar a razonar. Una manera de facilitarle las cosas es involucrarlo en el proceso.  No dejes que todo sean unas instrucciones que debe cumplir sí o sí.

Pregúntale.

-¿Cómo crees que se ha sentido Mamá cuando le has tirado esa piedra en la cabeza?

-¿Qué crees que hubieses debido hacer?

De esta manera educarás a tu hijo a diferenciar lo que está bien y lo que está mal a la vez que desarrollará la empatía y verá cómo sus acciones afectan a otros.

Cómo aplicarlo para ser mejor orador

¿Quieres la receta para el aburrimiento?

Habla sin parar durante cuarenta minutos.

La mayoría de presentaciones que veo son de alguien que se dirige a un grupo de personas durante cerca de una hora con un lenguaje abstracto, complejo y unidireccional.

¿Les has invitado alguna vez a hacer algo? ¿Les has hecho preguntas? ¿Les has permitido ofrecer su punto de vista?

Puedes hacer todo eso y más.

Las presentaciones son un viaje en el que todos participan no una película en la que solo miran.

5. Cambia los noes por síes condicionales

Aunque haya cosas que en vuestra relación no sean negociables:

-“No puedes lavarte las manos con el aceite de las patatas fritas”

Hay otras que seguramente lo sean.

Una de las estrategias que funcionan en esos casos es evitar el “no” frontal y en su lugar ofrecer un “sí” condicional.

Por ejemplo, en lugar de decirle: “no puedes ir al parque” puedes decirle: “iremos al parque justo después de recoger tu cuarto.”

Esta estrategia ayuda a establecer límites de una manera menos dramática y les aleja de la sensación de prohibición continua que les solemos ofrecer algunos padres.

Cómo aplicarlo para ser mejor orador

Varias de las presentaciones de mis clientes son de ventas. A menudo, el comprador potencial quiere algo que parece inviable y la respuesta suele ser un no rotundo. Aunque lo hagas de manera educada, estás restándole posibilidades a tu servicio.

En su lugar, piensa qué haría falta para que pudieses darle eso que pide.

-“Podría tener ocho ruedas?”

-Sí. Para ello deberíamos aumentar el presupuesto en otros 150.000€ porque necesitaremos dos meses más de trabajo.”

Como ves, lo que te permitirá ser un buen padre –o al menos atajar los enfados de tu hijo-  también puedes aplicarlo a las salas de conferencias o de reuniones.

Sigue estos pasos y tu audiencia –sean niños o adultos- estará más dispuesta a escuchar, a entender y, por último, a obedecer.