Desde que nació mi hija Elea he dejado de hacer deporte. Sé que necesito volver a meterme en la rueda pero no consigo encontrar el modo. Parece que no tengo tiempo aunque sé que la realidad es otra.

Lo que tengo son otras prioridades.

 

Hay que aceptar la verdad.

 

Si quisiese podría levantarme a las 5:30 para salir a correr media hora pero prefiero usar esa hora para dormir.

 

Si quisiese podría montarme un partido de fútbol o de pádel los fines de semana pero prefiero tomarme una cerveza con mis amigos o descansar en el sofá.

 

Si quisiese hacer algo de verdad, simplemente lo haría.  Cuando no lo hago es porque, sencillamente, no lo quiero lo suficiente.

 

Y odio machacarme pensando en que debería hacer deporte. Es más sano aceptar que, en estos momentos, no estoy 100% comprometido con ello. Aceptar eso me hace vivir más tranquilo.

 

¿Y por qué te cuento esto?

Mientras escribía el post del próximo martes levanté la vista de la pantalla y me encontré esto:

 

compromiso

 

Este mural me ha acompañado a lo largo de los últimos cuatro años. No siempre ha tenido este formato.

Primero eran frases sueltas pegadas a la pared. Luego folios. Más tarde el mural. No importa. Siempre podía ver ideas de gente brillante que me animaban a seguir tecleando, ensayando o creando.

 

Y entonces la vi.

La frase más larga del mural.

Una frase que no se puede acortar porque cada palabra es importante. Por eso están todas.

 

104 palabras que me recuerdan que cuando uno está comprometido con algo, los obstáculos del entorno importan poco.

104 palabras que me ayudan a dejar las excusas a un lado.

104 palabras de Steve Pavlina, el autor n1 sobre desarrollo personal.  Un hombre al que admiré durante mucho tiempo y que ejerció una gran influencia sobre mí.

 

Empecé a leer su blog sobre 2006, justo después de acabar la universidad, y me tuvo enganchado más de 5 años. Un tipo curioso, coherente y, sobretodo, íntegro.

Aquí está uno de mis artículos preferidos y hoy me ha parecido acertado recuperarlo y compartirlo contigo.

 

Espero que te pueda ayudar del mismo modo que me ayudó -y  me sigue ayudando- a mí.

 

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Pon tu cabeza debajo del agua y mantenla ahí durante un rato.

Pronto te darás cuenta de que estás 100% comprometido a respirar.

Date cuenta de que no pones excusas para no respirar. No te preocupas por buscar motivación para respirar. Date cuenta que no necesitas justificar tu deseo de respirar.

 

Simplemente respiras.
El compromiso es acción.

 

No hay excusas. No hay debate. No sobreanalizas. No te quejas de lo duro que es. No te preocupas sobre lo que los demás puedan pensar. No pospones cobardemente.

 

Simplemente lo haces.

 

¿Qué harías si algo se interpone en el camino de tu compromiso?

¿Qué harías si alguien intentase impedir que respiraras?

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¿Y tú? ¿Estás comprometido con algo?

 

¿Comprometido de verdad?