Cuando haces una tortilla de patata sigues un orden. No coges los huevos, las patatas, los rocías con aceite y los metes en la sartén.

A no ser que me leas desde un piso de universitarios, claro.

Lo que haces es organizarte. Primero pelas las patatas, luego las cortas, echas aceite en la sartén, te tomas una cerveza mientras se calienta, añades las patatas cortadas, bates los huevos, te tomas otra cerveza, das la vuelta a las patatas, etc.

Preparar un discurso es como hacer una tortilla de patatas. Aunque no hay tantas cervezas de por medio.

 

Partes del discurso

Primero debes tener claro cuáles van a ser las partes del discurso y luego decidir cómo ordenarlas para tener un mayor impacto.

Si el discurso está ordenado de manera intuitiva y es fácil de seguir, tienes muchas probabilidades de conseguir tu objetivo.
Si, por el contrario, lo ordenas sin sentido, la audiencia deberá esforzarse mucho más para entenderlo y existen más posibilidades de que se pierdan algo y menos de que acepten lo que les estás contando.
 

La estructura de un discurso puede ser muy variada, desde un clásico introducción + nudo + desenlace hasta una estructura de persuasión para un discurso corto pero lo normal es que tu discurso tenga tres partes:

  1. Una introducción con una apertura impactante
  2. Una serie de puntos a desarrollar
  3. Una conclusión con un cierre memorable

 
Aquí puedes ver cómo empezar un discurso o cómo terminarlo pero hoy te hablaré de lo que va en medio, de la organización de tus ideas.

Para que tú público pueda comerse la tortilla de patatas en condiciones y no tenga que acabar pidiendo una pizza, los elementos del discurso deben seguir un orden. Hoy te contaré 5 maneras de darle ese orden.

 

Cómo preparar un discurso: el orden de las ideas

 

Orden cronológico

En este tipo de discurso se explican los distintos puntos de manera cronológica. Lo más habitual es hacerlo de atrás hacia adelante aunque una opción original, especial y más difícil es hacerlo al revés.

Este es el orden intuitivo que usas cuando estás relatando una anécdota o una historia personal.

“Me levanté sobre las 7:00, me duché y me tomé un café. Cuando salí a la calle mi coche había desaparecido. Fue la primera vez que deseé que se lo hubiese llevado la grúa pero ésta sólo aparece cuando no la necesitas. Llamé a la Policía y me pidieron que me presentase en comisaría para cursar la denuncia…”

Es una opción segura porque la mente está acostumbrada a tratar la información de este modo con lo que se hace muy fácil de seguir.

 

Orden de contrastes

Mi preferido. Cuando quieres resaltar algo la mejor idea es compararlo con otro algo.

Puedes usarlo para hablar de las ventajas y las desventajas de trabajar con windows, para un discurso de ventas en el que primero postules el problema y luego la solución que aporta tu producto o para cualquier situación en la que necesites comparar dos cosas.

A menudo la mente funciona por comparación. Si consideras que tu teléfono es bueno es porque lo comparas con otros que no lo son tanto. Si crees que esa mujer es guapa es porque la comparas con otras que no lo son tanto. Si crees que este es un buen post es porque hay muchos otros que consideras peores.

Aprovecha la manera de procesar información de las personas y organiza tu discurso aprovechando los contrastes.

 

Orden según características

Ordenar tus ideas según las características es recomendable cuando existe una característica capital en aquello de lo que hablas y cuando hay más de dos cosas a comparar.

Imagina que vas a hablar de tres grandes emprendedores, lo puedes hacer ordenándolos por edad, por riqueza o por número de empresas creadas. Todo dependerá de qué sea lo más importante para el mensaje.

Por ejemplo, yo los ordenaría de menor a mayor si quisiese resaltar que la edad no importa para emprender y que existen emprendedores de más de 50 años que han conquistado el mundo. Pero también los podría ordenar por riqueza si diese una charla sobre los 5 emprendedores más ricos del planeta de manera que empezase hablando del menos rico para acabar con el número 1. De esa manera crearía expectación hasta llegar a Zuckerberg.

Puedes ordenar de grande a pequeño, de guapo a feo, de nuevo a viejo, de alto a bajo, de rico a pobre, de bueno a malo, de mejor a peor, de claro a oscuro o de barato a caro. Todo dependerá de lo que hables y de lo que quieras destacar.

 

Orden paso a paso

Una variante del orden cronólogico es el orden paso a paso adecuada cuando el tema del discurso es un proceso que quieres enseñar.

Ideal para elaborar un discurso tipo tutorial. Es la que usarías si quisieses enseñar cómo hacer esa tortilla de patatas o colgar un vídeo para enseñar cómo se resetea el router.

“Primero coge un palillo o un instrumento similar que tenga una punta fina. A continuación introduce el extremo en el orificio trasero donde se lee “reset”. Presiona dos veces el botón de encendido mientras rezas un padrenuestro.”

 

Orden espacial

“Queremos crear un parque de atracciones que tenga cinco espacios a los que daremos distintos nombres: en la Mediterránea tendremos los mejores restaurantes y atracciones de agua, en la Polynesia realizaremos espectáculos en vivo y recrearemos las selvas tropicales, en China queremos construir la montaña rusa más alta de Europa y bordearemos toda su extensión con una muralla, en México construiremos cuatro templos y en cada uno de ellos habrá una atracción y en el Far West propondremos recorrer toda la zona a caballo y crear rápidos para atravesarlos con canoas.

Hemos pensado llamarle Por Aventura.”

Esta podría haber sido una parte del discurso de presentación del parque de atracciones de Tarragona.

Es un método práctico para aquellas presentaciones con un fuerte componente geográfico. Por ejemplo, si quieres comparar tres lugares, tres tipos de clima o cinco etnias distintas.

 

Ahora ya sabes que el orden, como el tamaño, sí que importa.

Usa un orden determinado para presentar tus ideas y deja que el público disfrute de una buena tortilla de patatas.

¿Ordenas de alguna otra manera tus discursos? ¡Cuéntanoslo!