El fin de semana pasado estuve en una feria medieval. Esas ferias en las que hay distintos puestos donde venden pan artesano, espadas de madera y… ¡churros! 😀

Rigor histórico aparte, esas ferias son una oportunidad para ver cosas diferentes y era la primera vez que Elea iba a una.

A ver si la encuentras.

elea-feria-medieval

En el primer tenderete que nos encontramos vendían embutidos y quesos. De muchos tipos. Había chorizo de ciervo, cecina de jabalí, quesos de oveja… Al acercarnos, el hombre que estaba a cargo salió de su puesto para ofrecernos probar algo.

-Hola chicos, probad probad, está todo muy bueno.

-Gracias. ¿Qué es esto?

-Chorizo de ciervo, muy bueno, muy bueno.

-Sí, no está nada mal.

-¿Y esto?

-Queso de oveja. Y este de aquí es de vaca. Muy buenos los dos.

-¿Tienes cecina verdad?

-Sí, de jabalí, caballo y ciervo. Muy buena.

-Vaya, desde luego no sois veganos.

-No, pero todo está muy bueno.

-Gracias, quizás nos pasamos luego.

Hablamos un minuto y dijo “muy bueno” seis veces.  La primera pudo tener su efecto, la sexta no.

¿Por qué?

Al final, si todos son buenos, ninguno lo es.

El poder de lo concreto


Cuando repites algo en exceso, pierde su fuerza.

Imagina que te encuentras a alguien que tiene 7 hijos -mi vecina del piso de arriba, por ejemplo- y te dice que su hija Sofía es muy inteligente.

Tal vez la creas.

-Luego te dice que Carlos, uno de sus otros hijos, también lo es.

Venga, aceptamos barco.

-Pero es que Marcos es súper inteligente.

Empiezan las dudas.

-Carlota y Miguel también son dos chicos muy listos.

Hmmm  ¿seguro?

-Ah, y Felipe y Martina son considerados los niños más listos de su clase.

¡Venga ya!

No niego que lo sean, lo que digo es que la credibilidad baja cuando se repite tanto.

En cambio, si hubiese asignado un adjetivo distinto a cada niño… tal vez fuese más creíble.

  • Sofía es una chica muy inteligente.
  • Carlos es un chico muy espabilado.
  • Marcos es un niño muy independiente para su edad.
  • Carlota y Miguel son dos trastos. No los puedes dejar solos un minuto.
  • Felipe es la persona con el corazón más grande que conozco.
  • Martina solo tiene 5 años, pero es muy presumida.

¿Qué, te parece más creíble?

Tal vez pienses que el hombre de los embutidos no tenía más opciones. Sus embutidos eran buenos y no tenía por qué decir otra cosa.

Pero no es así.

Un embutido puede ser:

  • Sabroso
  • Suave
  • Ahumado
  • Dulce
  • Picante
  • Fuerte
  • Fresco
  • Cremoso
  • Delicioso
  • Duro
  • Jugoso
  • Meloso
  • Y no sé cuántas cosas más.

Esos adjetivos seguramente hubiesen ayudado a añadir una característica positiva a cada uno de los productos. Una característica creíble.

Porque si todos son buenos, ninguno lo es.

Cuando hables de tu producto, de tu servicio o de tu comida, no te limites a usar atributos genéricos como “bueno”, “optimizado” o “condiciones ventajosas” y repetirlo hasta la saciedad. Dedica unos minutos a  pensar qué es lo que de verdad lo define y eso te ayudará a darle un valor real y creíble.

Recuerda que lo concreto es siempre más potente que lo genérico.

Por cierto, por si te lo preguntas, no compramos ningún embutido.