Todo empezó con este vídeo.


 

 

Hasta entonces solo había llorado con el Rey León y Gattaca y, ahora, un simple vídeo casero de dos minutos me estaba obligando a respirar hondo para contener las lágrimas.

 

Ver a la gente feliz mola. Si, además, eres tú el que las hace feliz, mola más. Mucho más.

 

Yo quería tener de ESO. No me iba a conformar con verlo. Quería hacerlo.

 

Supongo que eso es a lo que, en el mundo corporativo, llaman win-win. Tú ganas y yo también.

Si tú consigues felicidad y yo soy feliz cuando eso sucede, todos contentos.

 

 

Mi primera experiencia con Youtube


A finales de 2015 decidí colgar algunos videos en youtube. Eran tutoriales cortos en los que enseñaba distintas habilidades, todas relacionadas con la oratoria. Quería ayudar a la gente a mejorar sus presentaciones.

Al principio era un desastre. El sonido era pésimo, algunos encuadres estaban mal hechos y apenas tenía visitas. Poco a poco mejoré. Compré focos para la iluminación, un micro, y un teléfono con una mejor cámara. Incluso grabé algún video con una cámara profesional. Ya tenía alguna que otra visita y llegaron los primeros comentarios.

 

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Había colgado los vídeos para ayudar a las personas pero no me esperaba que esas mismas personas me lo agradeciesen.

Y al leerlo volví a tener de ESO.

 

Pero no duró mucho

 

Con los meses, mi negocio de formación empezó a arrancar, comencé a trabajar para algunas empresas y cada día tenía menos tiempo para colgar vídeos. Eso, unido a la aparición de mi terrible enemigo la pereza, hizo que poco a poco lo fuese dejando.

 

 

La semilla de TED


Poco después, en Noviembre de 2016, realizaba una de mis habituales incursiones en la web de TED.  Todavía no lo sabía pero esa iba a ser una distinta.

Como de costumbre entré y me puse a cotillear. Esta charla sobre la mente tiene buena pinta, esta sobre los orgasmos ya la he visto, hmmm… esta sobre la educación… venga, a ver si descubro a otro Ken Robinson.

 

Hice clic.

Y empezaron mis 18 minutos de placer. Mi experiencia con el placer rara vez es tan duradera así que me relajé e intenté disfrutar.

 

Ante mí tenía a un americano con pinta de pakistaní y acento indio. Se llamaba Salman Khan y decía haber fundado la academia Khan para enseñar matemáticas a los niños -y a los no tan niños- de una forma desinteresada.

Algebra, Trigonometría, cálculo… son palabras poco sexis. Tú vas a cualquier instituto del mundo, coges a los estudiantes con mejores notas de esas tres áreas y encontrarás algo en común. Ninguno tiene pareja.

Salman Khan tenía pinta de haber sido uno de esos niños y ahora quería cambiar las cosas.

 

Era un reto grande. Enseñar a niños es difícil. Enseñar matemáticas lo es más. Enseñar matemáticas a niños es tan difícil como perdonar una infidelidad. Dicen que sí, que lo entienden, pero nunca acaban de procesarlo del todo.

Y ahí estaba ese tipo. Con una sonrisa en la cara.

 

Su charla empieza mostrando un montaje de los vídeos de su academia. Incluye el humor en ellos. Bien. Sigue hablando de su pasado como analista de fondos y reconoce que para él el concepto de valor social es algo totalmente nuevo. Más humor. Bien.

Cuenta cómo sube vídeos a youtube sin ninguna expectativa y le empiezan a dejar comentarios de agradecimiento.

 

Clic.

Me encantan esos momentos en los que te das cuenta de que eso que creías que solo te sucedía a ti le sucede a miles de personas.

 

Y entonces llegó.

 

Un instante de claridad.

 

 

El futuro de la educación


Decía que al ver sus videos de trigonometría, sus primos le habían dicho que era mucho más agradable en vídeo que en persona. Dejando a un lado lo que eso puede significar sobre su presencia, ahí hay material para rascar.

Si rascas verás que a muchas personas les gusta aprender en vídeo. Las nuevas generaciones así lo confirman.

 

Un par de las ventajas del vídeo son:

  1. Puedes pausarlo cuando quieras sin tener miedo a molestar
  2. No temes preguntar algo y quedar como un tonto. Simplemente vuelves atrás.

 

Salman cuenta como implementó su sistema de educación en un vecindario y… los resultados son grandiosos. Los chicos mejoran en muchos parámetros. Los chicos van a su ritmo “real” sin estar condicionados por el resto de la clase. Si eres avanzado puedes seguir avanzando. Si necesitas repasar, puedes volver a ver el vídeo hasta que lo entiendas.

No te callas por el miedo al qué dirán.

 

Eso supone un cambio respecto a la enseñanza tradicional.
Lo que hemos tenido hasta ahora era un tren que pasaba un día. Si ese día no lo cogías, lo perdías. Y como ese día fuese importante, estabas jodido.

No puedes aprender a multiplicar si no estuviste en clase el día de las sumas.

 

Seguro que la enseñanza en vídeo tiene sus desventajas respecto a la presencial. No todo va a ser mejor. Aún así creo que el vídeo es el futuro.

Qué digo el futuro. Es el presente.

Escuchando a Salman Khan empecé a conectar puntos. Vi cómo los vídeos y los errores de 2015 habían servido como semilla y ahora asomaban los primeros brotes de un árbol.

Quería hacer crecer un árbol. Uno grande. Uno que dé sombra a mucha gente. Las píldoras de 3 minutos están bien pero ¿por qué no crear algo mejor? Algo que solucione los problemas. Algo que ayude a la gente de verdad y me dé más de ESO.

 

Y entonces creé ESTO.

 

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