Muchas cosas han cambiado en los últimos diez años: los niños no ven la tele sino youtube, blackberry es solo el nombre de una fruta y se calcula que ya hay un life coach por cada 5 habitantes en el planeta.

 

Pero hay una que no ha cambiado: sigues asistiendo a malas formaciones.

 

La primera verdad es que es imposible que dejen de existir. Las formaciones son catalogadas como “buenas” porque las comparas con otras que catalogas como “malas” o, como mínimo, como “peores”.  La segunda verdad es que se podría aumentar el primer grupo y reducir el segundo.

 

¿Por qué no lo hacemos?

Creo que es un tema de percepción de importancia.

 

Cuando estás en el trabajo vas a trabajar. Los banqueros deben dejar su bandeja vacía, los contables tienen que cuadrar cuentas y los ingenieros acabar los proyectos.

Si, mientras haces todo eso, aprendes algo bienvenido sea pero eso no forma parte de los objetivos trimestrales.

 

Sí, a algunos directores les gusta que sus empleados tengan una formación continua, que no se queden anticuados ni acaben disecándose y formando parte del mobiliario de la oficina pero muchos otros ven la formación como una pérdida de tiempo. Unas horas en las que sus empleados no trabajan. En las que no facturan.

Así, los cursos de formación quedan relegados a un segundo plano.

 

¿Consecuencia?

Baja la calidad.

 

¿Y cómo sabes que la calidad baja?

 

Preguntando a los asistentes.

 

Harold D. Stolovitch y Erica J. Keeps son unos autores muy preocupados por el desarrollo profesional y la formación permanente y efectiva. En su libro –Telling ain’t training–  dan las claves para ofrecer una formación de calidad.

En el marco de este libro hacen una pregunta a miles de personas – desde mandos y mandos intermedios hasta operarios de línea pasando por trabajadores cualificados – Esta es la pregunta:

 

La pregunta

 

¿Qué hace que una sesión de formación sea una gran experiencia?

 

Al analizar y clasificar las respuestas vieron que habían algunas que se repetían a menudo. Están desglosadas en el libro y, al leerlas, no pude evitar exclamar:  “¡waw! Eso es justo lo que pienso yo. ¡De hecho es exactamente lo que me ha pasado cuando he asistido como alumno a las formaciones!”

 

Ahora me gustaría saber cuál ha sido tu experiencia con la formación empresarial que has recibido. Quizás hayas hecho muchas formaciones, quizás pocas o, quién sabe, puede que aún no hayas hecho ninguna. Si  es así, piensa en otras experiencias de formación – cursos online, clases de la universidad, del colegio, etc- y contesta a las dos preguntas que verás a continuación.

 

 

1-  ¿Cuántas de las siguientes características estuvieron presentes en esa formación que tanto te gustó?

 

  • Respondió a tus necesidades.

 

  • Viste fácilmente cuándo y cómo lo podrías aplicar.

 

  • Hubo mucha participación.

 

  • Te sentiste involucrado.

 

  • Las explicaciones eran sencillas.

 

  • Hubo muchos ejemplos.

 

  • Podías hacer preguntas en cualquier momento.

 

  • No te sentiste ignorante en ningún momento.

 

  • La sesión fue interactiva.

 

  • Pudiste poner en práctica lo que aprendías.

 

  • Recibiste feedback sobre cómo lo hacías.

 

  • Había buen ambiente.

 

  • Se usó el humor repetidas veces.

 

  • Aprendiste de lo que decían los otros participantes.

 

  • Te sentiste respetado durante toda la formación.

 

  • Pudiste hablar directamente con el formador y con otros compañeros.

 

  • Sentiste que tus aportaciones sumaban al grupo.

 

 

Seguramente hayas anotado más de diez. ¿Me equivoco?

 

Sigamos.

 

Los experimentadores no se conformaron con saber lo que los sujetos consideraban la clave del éxito sino que también querían descubrir la clave del fracaso así que les hicieron otra pregunta:

 
¿Qué hizo que esa formación fuese horrible?

 

De nuevo, al ver las respuestas clasificadas, me di cuenta de la alta coincidencia con muchas de mis experiencias pasadas.  Veamos si a ti te sucede lo mismo.

La segunda pregunta es:

 
 

2- ¿Cuántas de las siguientes características estuvieron presentes en esa formación que no recomendarías?

 

  • Estaba muy alejada de lo que te interesaba.

 

  • No entendiste cómo podías aplicar lo que te enseñaron.

 

  • Transmisión de la comunicación unidireccional.

 

  • Sobredosis de información.

 

  • No hubo espacio para la discusión.

 

  • No hubo tiempo de practicar la teoría.

 

  • No recibiste ningún feedback sobre cómo lo estabas haciendo.

 

  • El diseño de los materiales de apoyo era pobre.

 

  • Se perdió mucho tiempo en descansos, discusiones tontas, retrasos…

 

  • El formador sabía mucho pero no sabía transmitir los conocimientos.

 

  • Fuiste un sujeto pasivo durante toda la formación.

 

  • No entendiste gran parte de lo que enseñaban.

 

  • Te faltaron ejemplos que te ayudasen a entender los conceptos teóricos.

 

  • No pudiste hacer preguntas para resolver tus dudas.

 

  • No hubo participación.

 

  • El ambiente era de seriedad y frialdad.

 

 

Si reconoces más de diez puntos en esta lista, entonces hemos tenido experiencias parecidas.

 

Conclusiones

 

Si esto es algo que sucede a menudo, podemos extraer una valiosa lección para nuestras formaciones futuras.

 

Tanto si preparas una formación reglada como una no reglada, formación presencial como un curso a distancia, algo de pago o un curso gratuito hay una serie de características que tu plan de formación debe incluir:

 

1- Fomenta la participación de los alumnos.

2- Crea bloques de práctica para que vean las aplicaciones de la teoría.

3- Dales feedback sobre cómo están haciendo esas prácticas.

4- Crea un buen ambiente de trabajo. El humor es una herramienta que te ayudará a conseguirlo.

5- Permite que te hagan preguntas para resolver dudas.

6- Usa ejemplos en los que se vea claramente lo que explicas.

7- No te limites a hablar tú sólo, interactúa con el grupo.

8- Ofrece explicaciones sencillas. No estás ahí para fardar de conocimientos, estás ahí para transmitirlos con éxito.

 

Ya sabes qué hacer para que tu próxima formación sea un éxito. Eso sí, no creas que lo vas a conseguir así como así. Te hará falta preparación. Mucha preparación.

 

Abraham Lincoln lo sabía cuando dijo: “Dame seis horas para talar un árbol y dedicaré las primeras cuatro a afilar el hacha.”

 

 

 

P.D  ¿No haces formaciones? Coge estas 8 sugerencias y aplícalas a tu próxima presentación. Cuando acabes vuelve aquí a contarnos lo bien que te fue.