Uno de tus objetivos al hablar en público debería ser conectar con tu audiencia y una manera de conectar con tu audiencia es hacerle preguntas.

¿Cuál fue la última presentación a la que acudiste? Quizás el orador la desarrolló en formato master class hablando durante un tiempo, puede que demasiado largo, para presentar una idea mientras tú escuchabas. ¿Te sentiste atraído? ¿Fue una charla dinámica?

Con frecuencia, cuánto más tiempo pasa hablando uno más se va alejando la audiencia.

Pero algunos tipos de preguntas pueden solucionar ese problema.

Cuando le haces una pregunta al público estás involucrando a tus oyentes  en tu discurso y les cedes unos segundos de protagonismo. ¿Y sabes qué pasa con el protagonismo?

Que casi todo el mundo lo agradece.

 

Además, las preguntas tienen el poder de sacar la respuesta de la persona y eso es mucho más potente que dársela tú mismo.

Si yo te digo: ¿si sólo pudieses comer un alimento, cuál sería?

Te estoy induciendo a pensar en los alimentos que te gustan.

Y lo más importante es que eres el que vas a decir “solomillo con foie”, no yo.

En vez de poner un caramelo en la boca de la audiencia, les enseñas la caja y les dejas escoger a ellos.

Como dice Tom Hopkins en su libro How to master the art of selling: “Si lo dices tú lo dudarán, si lo dicen ellos se convierte en verdad”.

 

¿Cuántos tipos de preguntas hay?

Muchos.

Pero no te hará falta aprender qué tipos de preguntas existen para poder usarlas. Sólo tienes que diferenciar entre preguntas abiertas y preguntas cerradas.

 

¿Qué es una pregunta abierta?

Una pregunta abierta es aquella que permite a tu interlocutor responder lo que quiera. Sin restricciones.

 

Ejemplos de preguntas abiertas

  • ¿Cómo sería tu trabajo ideal?
  • ¿Por qué crees que es tan importante hablar en público?
  • ¿Qué harías si no tuvieses una tele en casa?

 

Puede que alguien te respondiese corto, no lo es y leer a las preguntas anteriores pero lo normal es que el tipo de respuestas fuesen más elaboradas.

 

¿Qué es una pregunta cerrada?

Una pregunta cerrada es aquella en la que las respuestas son limitadas. A menudo, quien pregunta es quien pone una limitación y hace que las respuestas sean escuetas.

 

Ejemplos de preguntas cerradas

  • ¿Qué color te gusta más el blanco o el negro?
  • ¿Qué prefieres mar o montaña?
  • Si pudieses escoger una edad, ¿qué edad te gustaría tener?

 

Las dos primeras son preguntas dicotómicas (sólo existen dos respuestas posibles) y la tercera te invita a responder un número así que, como ves, las preguntas cerradas motivan respuestas cortas.

Es este segundo grupo el que más te interesa dominar al hablar en público por una sencilla y poderosa razón:  es mucho más probable que las respondan.

 

Si estás hablando delante de 100 personas y les preguntas:

¿Cómo solucionaríais el problema de la contaminación?

Lo más probable es que oigas un carraspeo de la quinta fila o un grillo del descampado más cercano.

 

En cambio, si les preguntas:

¿Cuántos de vosotros creéis que hay mucha contaminación?

Tienes más probabilidades de que un buen número levante la mano o de crear “yoes” mentales.

 

Como verás, existen varios tipos de preguntas cerradas y es ahí donde vamos a buscar el truco de hoy.

 

3 tipos de preguntas para conectar con la audiencia

 

Hoy te hablaré de 3 clases de preguntas para conectar con tu público: preguntas reflexivas, preguntas retóricas y preguntas inclusivas.

 

Preguntas reflexivas

Uno de los principales problemas de las presentaciones es que suelen ser aburridas y, como consecuencia, solemos desconectar con facilidad. Cogemos el móvil y empezamos a gestionar el correo pendiente.

Para evitarlo debemos de proveer al público con contenido interesante y una manera de conseguirlo es preguntándoles algo que les haga pensar.

Las preguntas reflexivas son aquellas que generan duda e interés en la mente de tu público.

 

Ejemplos de preguntas reflexivas

  • ¿Mentirías para salvar tu vida si eso significase la muerte de otro?
  • ¿Qué preferirías, vivir una vida insípida hasta los 90 o morir a los 40 habiendo tenido una vida excitante?
  • ¿Por qué después de tres días las magdalenas se ponen duras pero las galletas blandas?

 

Si estás pensando en usar esta última espero que no sea en una presentación demasiado seria. 😉

 

Preguntas retóricas

Son aquellas preguntas que lanzas al aire pero que no requieren una respuesta específica del público.

Las preguntas retóricas, como recurso retórico que son, añaden variedad e interés al hilo de tu discurso y también promueven la reflexión.

 

Ejemplos de preguntas retóricas

Imagina que estás dando una conferencia sobre la importancia de seguir una dieta sana. Sabes que la mayoría de la audiencia está de acuerdo pero muchos no la siguen porque hace falta invertir en tiempo para cocinar o porque los productos son más caros. Para guiarles hacia un proceso de pensamiento podrías decir:

Todos sabemos que unas judías verdes son saludables y que las hamburguesas no lo son tanto. ¿Pero qué pedimos cuando salimos a comer fuera el sábado?

 Así consigues que ellos mismos admitan que no siguen la dieta que les gustaría.

Recuerda: “Si lo dices tú lo dudarán, si lo dicen ellos se convierte en verdad.”

 

Si lo que quieres es conseguir un sí interno (que lo piensen pero que no lo digan) también puedes usar una pregunta retórica:

Imagina que estás dando una clase de educación financiera a un grupo de presidiarios y preguntas:

“¿A quién de vosotros le gustaría salir mañana de aquí?”

Lo más probable es que actives un proceso de pensamiento acerca de la libertad, lo que podrían hacer fuera, a quién podrían ver, etc. Y eso acabaría en un sí tan grande como el Everest.

 

Preguntas inclusivas

El objetivo de las preguntas inclusivas es conseguir un sí masivo de tu audiencia. Debes formular una pregunta a la que la mayor parte del público responda que sí (mental o verbalmente). Ese sí masivo es el que te ayudará a acercarte y conectar con ellos.

 

Ejemplos de preguntas inclusivas

Imagina que estás sentado en una butaca escuchando una presentación y la primera frase que sale de la boca del conferenciante es:

“¿Quién no se ha caído por las escaleras alguna vez por llevar los cordones desabrochados?”

A pesar de que nuestras madres siempre estaban advirtiéndonos de ello, lo más normal es que no te haya pasado nunca y respondas con un “a-mi-no” mental. Ese no te aleja del orador y no ayuda a construir la cercanía que él busca.

En cambio, si preguntase:

“¿Cuántos de vosotros fuisteis al cine el año pasado?” la gran mayoría levantaría la mano.

Conseguir que la audiencia responda afirmativamente a una de tus preguntas construye tu semejanza con ellos y  hace que estés un paso más cerca de tu público.

 

 

Las preguntas deben guardar relación con el tema de tu presentación.  Si vas a hablar del ritual de aparejamiento del cóndor macho empezar con la pregunta del cine no sea la más adecuada.  (a no ser que prepares una buena transición, claro.)

Existen muchos tipos de preguntas pero estas tres te ayudarán a darle dinamismo a tu discurso y generar conexión con el público.

En tu próxima presentación, ¿añadirás dinamismo con preguntas o soltarás un ladrillo para aburrir a los demás?