Oratoria es la palabra de moda y por eso hace poco Estrella Montolio y Carles Mesa me entrevistaron en Radio Nacional de España para discutir sobre el arte de hablar en público.

Estrella es catedrática en lengua española y ha escrito como unos 20.000 libros sobre la materia. Bueno, quizá alguno menos.

Carles Mesa es el director del programa Gente Despierta y conoce todas las claves para hablar por radio como un fenómeno.

Total, que me encontraba entre dos auténticos monstruos.

Si quieres escuchar la entrevista puedes hacerlo aquí.

 

Lo que piensa la gente sobre hablar bien

La primera pregunta que me hicieron fue la que me ha llevado a escribir este post y compartir contigo 3 secretos para hablar bien en público.

Estrella tiene la percepción de que, desgraciadamente, en España se considera un buen discurso aquél que es “confuso, largo, ampuloso y lleno de palabras barrocas incomprensibles” y quería saber qué opinaba yo al respecto.

Si no sabes que significa ampuloso, tranquilo. Yo tuve que buscarlo en el diccionario cuando llegué a casa. Es lo que tienen los catedráticos, saben más que nosotros.

¿Tú también tienes esa impresión? ¿Crees que un discurso cuánto más rebuscado, más técnico y con más florituras, mejor?

 

Yo no. Ya no.

 

Cuando empecé en este mundillo de la oratoria creía que para hablar bien en público debías aparentar saber mucho para que la audiencia te preste atención. Pensaba más en el lucimiento personal que en facilitar la comprensión del mensaje.

Mi miedo al hablar en público no era quedarme en blanco ante la audiencia.
El miedo escénico me visitaba al pensar que el público podía sospechar que yo no estaba preparado para hablar de lo que fuese.
Añadir términos complicados, tecnicismos y terminología poco frecuente era el arma que usaba para ganar esa batalla. Era una manera de decir: “Ehh, que yo sé de esto. No te creas que esto te lo podría contar cualquiera mientras se toma un café en una terraza de un bar. No, no, no, no. Yo soy un experto.”

 

Me equivocaba.

 

No estás ahí delante para lucirte sino para difundir un mensaje.

 

Hablar correctamente es hablar de manera natural

Una de las mejores técnicas para hablar en público es olvidarte de aparentar y ser tú mismo. Usa las palabras y frases que usarías para contarle eso mismo a una persona de la calle.

El buen orador es aquél que, aún siendo un experto, puede sonar como si estuviese hablando en la terraza de un bar. Y el camino más sencillo para lograrlo es usar un lenguaje llano.

 

Cuando preparo un discurso hay dos cosas que tengo entre ceja y ceja. La primera es que lo que escribo tiene que conectar con la audiencia y captar su atención. La segunda es que tienen que entender mi mensaje. Todo lo demás es secundario.

Para lograr este segundo propósito no hay nada mejor que usar un lenguaje sencillo, claro y breve. Justo lo contrario de lo que piensan muchos.

 

¿Qué te puede ayudar a conseguirlo?

 

3 consejos para hablar bien en público

 

1- Usa palabras cortas y corrientes

Te sugiero evitar las palabras largas y poco frecuentes. Si al hablar en público alguien no entiende lo que dices, no es su culpa sino la tuya.

Podrías decirle a ese alguien:

-¿Te parecería acertado ingerir alimentos conjuntamente cuando el sol alcance su cenit al mediodía?

Si me hicieses esa pregunta a mí, te daría una colleja. Luego te animaría a probar con esta:

-¿Quieres que comamos juntos?

 

2- Utiliza frases breves

Si has oído alguna vez aquello de “menos es más” este es uno de los casos en los que se aplica. No creas que para hablar bien en público necesitas ser extravagante. Haz honor al dicho “lo bueno, si breve, dos veces bueno”

-Me alineo firmemente con la creencia de que los carteristas, los timadores y los estafadores de altos vuelos deberían ver castigadas sus actividades con extrema severidad.

Y yo. Pero seguramente lo expresase de otro modo. Por ejemplo:

-Creo que se debería castigar con dureza a los ladrones.

 

3- Añade lenguaje concreto en lugar de abstracto

Los términos abstractos pueden ser también ambiguos. Al fin y al cabo, una palabra como justicia tiene muchos significados dependiendo de qué boca salga. El lenguaje concreto ayuda a tu audiencia a crearse una imagen más nítida de lo que estás contando.

-Al anochecer me acercaré al umbral de tu hogar y aldabearé con vitalidad y confianza.

¿Dónde empieza y dónde acaba el umbral? ¿Cómo sabré que estás lleno de vitalidad y confianza? Y lo más importante, ¿qué c*** es aldabear?

-A las 8 llamaré al timbre tu casa con una sonrisa.

 

¿Te ha costado entender las primeras frases? ¿Has necesitado releer alguna?
Cuando debes releer la frase para entenderla es que hay algún problema con la redacción. Pero al fin y al cabo, vuelves la vista a la izquierda, repasas y lo entiendes.

Una audiencia no tiene esa oportunidad cuando tú estás haciendo la exposición. Si no te entienden a la primera, no te entenderán. No existen segundas oportunidades encima de un escenario.

 

Cómo expresarse mejor: 2 ejemplos del día a día

 

Mi trabajo

A principios de año trabajé con un cliente que debía hacer una presentación en San Francisco sobre simulación a gran escala en tiempo real. Le he pedido permiso para publicar algunas de las frases que trabajamos.

En el primer borrador de su discurso, uno de los párrafos era el siguiente.

 

“Hace algunos años se fabricaban computadoras con procesadores cada vez más poderosos los cuales eran capaces de ejecutar más rápido nuestras aplicaciones, sin embargo, estos procesadores cada vez consumían más energía. Por este motivo fue necesario cambiar el diseño.

Como podemos ver la energía consumida es proporcional al cubo de la frecuencia, por lo tanto, en lugar de incrementar la frecuencia, se incrementó el número de procesadores, en este caso, la energía consumida es directamente proporcional al número de procesadores.

Esto implica dividir el trabajo que realizaba un procesador en 4 y hacer que los 4 procesadores trabajen al mismo tiempo para obtener el mismo resultado que con un procesador 4 veces más rápido.”

 

¿Te ha costado entenderlo?

114 palabras. Redundancia. Frases largas y subordinadas. Poca claridad.

Le sugerí reducirlo a 27.

 

-La tendencia era aumentar los procesadores para aumentar la potencia pero eso consumía mucha energía. Lo que hacemos ahora es juntar más procesadores en una misma computadora.

 

Menuda diferencia ¿verdad?

 

Algunas veces la dificultad estriba en saber qué es lo que entenderán los demás y qué es lo que no. Después de todo, si llevas arreglando coches desde los 15 años puede que no tengas problema en situar el cabezal, la correa de distribución o el condensador de fluzo. Al resto de mortales, nos dicen que la junta de la trócola está averiada y nos echamos a temblar.

Una estrategia sencilla para eliminar el lenguaje barroco es preguntarte: ¿lo entendería un niño de 10 años? Si la respuesta es no, es que tu discurso se puede simplificar.

 

Mi vida personal

En mi juventud temprana compartía piso con un chef. Cuando le preguntaba por alguna receta solía darme instrucciones que yo no entendía aunque estaba claro que para él era lo más sencillo del mundo.

Recuerdo una en particular.

– Primero, pochas la cebolla y la zanahoria y luego añades el tomate. Cuando empiece a…
– Para un momento. ¿Qué es pochar?
– Pochar es freír a fuego lento hasta que ves que empiezan a ponerse blanditas.

 

Cualquier chef del mundo sabrá que significa pochar pero puede que muchas otras personas no lo sepan. Ante la duda ¿por qué no escoger la sencilla? Si sabes que todo el mundo entiende qué quiere decir “freír a fuego lento” usa esa expresión y asegúrate de que el mensaje de tu discurso se entiende.

 

No estás ahí delante para lucirte sino para difundir un mensaje. Y la paradoja es que cuando construyes un discurso capaz de captar la atención del público, cuando todos están pendientes de tu presentación, cuando tu audiencia entiende lo que has dicho, es cuando te luces.