Hace unos meses, charlando con uno de los grupos de formación me preguntaron:

 

-¿Cuál es tu peor pesadilla?

-Que en 4 años Trump salga reelegido.  

-No, me refiero al mundillo de hablar en público. Quedarte en blanco, tartamudear, no saber responder a una pregunta…

-Ah, llegar tarde.

-¿Llegar tarde?

-Sí, llegar tarde a una formación o a una conferencia que deba dar.  

 

Pocas semanas después esa pesadilla se cumplió.

Y no de cualquier manera.

 

El valor de la puntualidad

Tenía un grupo de formación de 9:00 a 13:00 así que salí de casa a las 6:50 para tener una cierta seguridad. – el trayecto a cubrir era de cincuenta minutos con un tráfico medio – Pensé que dos horas de margen serían suficientes.

Me equivoqué.

 

Llovía, había un tráfico de mil demonios y parece que todos los habitantes de Barcelona decidimos salir a la vez como si regalasen monedas de dos euros.

Además, en pleno pánico por el retraso tomé la salida 5 de la ronda pensando que así evitaría el atasco en lo que fue -seguramente- mi peor decisión de los últimos diez años.
Me quedé parado 25 minutos viendo como el semáforo de en frente pasaba de rojo a verde mientras ese autobús rojo y blanco permanecía parado en medio del cruce impidiendo el paso de todos.

Llamé a la empresa, avisé de la situación y María –muy amablemente- me dijo que no me preocupara que los días de lluvia son así en Barcelona. Mis oídos lo oyeron pero mi cerebro se negó a procesarlo.

En lugar de tranquilizarme me puse más nervioso. Recé tres padrenuestros para insuflar rapidez a esa hilera de hormigas inmóviles pero no funcionó. En esa hora de espera y angustia probablemente reduje en tres años mi esperanza de vida.

Al final, llegué aparqué y miré el reloj.

 

llegar-tarde

 

Puestos a ser impuntual, mejor serlo a lo grande. ¿no?

Había salido convencido de llegar temprano y ahí estaba sentado en el coche guardando el tique del parking en el monedero y viendo como el reloj marcaba… ¡1 p*** hora de retraso!

Si no te parece grave piensa que eso es más de un 25% de demora en el servicio. Es como si te tocan 1.000€ en la lotería y cuando los vas a cobrar te dicen que solo te darán 750€ porque hoy llovía mucho. Lo que se dice gracia, no te hará.

 

Eso sí, la responsabilidad es mía.
 

¿Llovía? Sí.

¿Salí con antelación? Sí.

¿Había mucho tráfico?

No, lo siguiente.
 

Pero no son más que excusas. La pregunta que de  verdad hay que hacerse es:

¿Llegué a tiempo?

Ya conoces la respuesta.

 

Me considero una persona puntual. Creo que la puntualidad es un signo de seriedad y respeto hacia los demás. Supongo que por eso me molestó tanto no llegar a tiempo.

Si así estaba yo, imagínate cómo estaban los asistentes. Con la misma cara que le pondrían a la de la lotería.

 

¿Por qué te cuento esto? Porque hoy me gustaría hacer unas reflexiones sobre la puntualidad.

Seguro que tienes una opinión sobre ti mismo respecto a la puntualidad. Eres puntual, impuntual o estás a medio camino. Lo que quizá no te has preguntado es cómo te afecta a ti y a la visión que el mundo tiene de ti.

 

Hoy te hablaré de la importancia de la puntualidad en el mundo de los negocios y más concretamente en el mío. De las ventajas de ser puntual cuando acudes a dar una presentación o una formación.

 

6 ventajas de la puntualidad

 

Reduces los nervios

A no ser que te dé igual todo, la impuntualidad provoca un diálogo interno negativo:  que si se van a enfadar, que si menuda imagen estoy dando, que si esta excusa no va a colar…

En cambio, ser puntual te infunde tranquilidad. Sabes que lo estás haciendo bien, que estás siendo educado y correcto. Que haces lo que se tiene que hacer. Y esa calma hace que tus nervios estén en nivel base. Si eres como el resto de los mortales, preferirás hacer lo que sea que tengas que hacer sin nervios. Sobre todo si es una presentación.

 

Muestras respeto a los demás

¿Qué es la puntualidad? No es tanto una cuestión de tiempo sino de respeto. Respeto hacia el tiempo de los demás. Si tú llegas tarde a las citas sistemáticamente debes tener una creencia interna que te hace pensar que tu tiempo vale más que el de los demás.  ¿Por qué sino ibas a hacerlos esperar un día sí y otro también?

Llegar a la hora acordada no es más que el cumplimiento de un pacto tácito. A la gente le gusta la gente que cumple los pactos.

 

Proyectas seriedad

Cuando vas a dar una presentación, una de las cosas que debes tener en cuenta es tu Ethos o credibilidad. Una de las maneras de crear Ethos es con tu coherencia como orador y entre las estrategias que te ayudarán a lograrlo está el ser percibido como alguien serio. Con serio no me refiero a lo contrario de aburrido sino a lo contrario de irresponsable.

En general, escucharás con más atención a una persona que te cause una buena impresión que a una que te genere rechazo.

 

Tienes tiempo para generar conexión

Una de las cosas que me gustan de llegar pronto es poder hablar unos minutos con los asistentes mientras sus compañeros van llegando. Cómo te llamas, en qué departamento estás, cuánto hace que estás allí… son preguntas que me acercan al  público y que me revelan información que luego me será útil para preparar ejemplos en los que ellos se puedan ver fácilmente reflejados.

 

Genera buena predisposición

Para ser más exacto debería decir que, como mínimo,  no genera mala predisposición. ¿Sabes qué me paso nada más empezar la formación el día que llegué tarde? Después de contar lo ocurrido y pedir disculpas uno de los participantes me preguntó:

¿Cómo has podido salir a las 6:50 y tardar 3 horas? Yo he salido a las 7:30 y he llegado aquí puntual.

Independientemente de horarios, trayectos y la ruta que escogió cada uno ¿Crees que esa persona estaría de mejor humor si yo no hubiese llegado tarde?

Probablemente.

Esperar 10 minutos, 15, media hora, ¡1 hora! Hace que la gente se ponga – con razón –  de mal humor.

 

Mejora la eficiencia de todo el mundo

Que tú llegues tarde tiene un impacto negativo en más personas de las que crees. En el caso que te contaba antes, María tuvo que dedicar parte de su tiempo a informar a los asistentes de mi retraso, de mi hora estimada de llegada, de organizar un desayuno para cubrir el tiempo y calmar los ánimos, de estar pendiente de mi, de….

Si estás en un evento en el que participan más ponentes, tu retraso significa el retraso del siguiente y una reacción en cadena que probablemente afecte a todos.

La puntualidad no asegura la eficiencia pero la impuntualidad asegura su ausencia.

 

 

La próxima vez no llegues tarde

El valor de la puntualidad está, a menudo, infravalorado.  No solo le da a los demás una imagen de calidad de tus productos o servicios sino que, además, te proporciona a ti mismo un estado de serenidad y confianza con el que seguro que vas a desempeñar mejor tu trabajo.

Vistos los beneficios de la puntualidad espero que para tu próxima presentación acudas con -mínimo- media hora de antelación. No te aseguro que las cosas salgan bien solo por eso pero sí que te prometo que no empezarán mal.

Ahora sé lo angustioso y agobiante que es llegar tarde a una formación. Ya he pasado por esa experiencia. Así que si mañana me preguntasen cuál es mi peor pesadilla la respuesta seria:

que me pase otra vez.